Hijo de la Costumbre

Ayer_193

Hace años que no veo a mis padres, los deberes de la adultez nos separaron hace largo tiempo. Tomé la decisión, en este momento no recuerdo porque, de irme a viajar por el mundo, dar la vuelta a la larga manzana del horizonte que se hace imposible de alcanzar. Fotógrafo de profesión, estuve dando vueltas al orbe buscando la verdadera belleza, sin saber que era lo que estaba buscando realmente. En la mente imaginaba algo así como esas pequeñas partículas cálidas que salen de un chaleco, cuando una persona que amas te abraza y te quita la gélida corteza invernal, el día después de una intensa lluvia. Esos días de aires tan livianos que reciben a quienes han soportado la tormenta del día anterior.

La cosa es que quedamos de encontrarnos en la fuente “La Reina”, un restaurant no muy pretensioso, como su nombre podría sugerir. Al llegar noté que el automóvil de mis padres ya estaba estacionado en la entrada, cosa típica de mi padre, a quien nunca vas ver llegar tarde a ningún lado. Este hombre tiene una habilidad sobre humana para llegar de los primeros, como si el objetivo completo de las veladas dependiera de su pronto arribo al destino escogido. Mientras me estoy estacionando siento un extraño nerviosismo, como una alerta temprana de algo que no logro racionalizar, se me queda en la emoción y decido no hacer caso, pues, ¿qué es lo peor que puede pasar? En medio de esta pequeña confusión termino chocando con la mirada del guarda autos, quien supongo me está haciendo señas hace rato, en realidad lo digo por su mirada de molestia y ese ademan con la mano que en su “un poco más” también encierra un “apúrate aweonao”. Sin embargo, no puedo simpatizar con sus sentimientos, en realidad no me gusta que me ayuden, alego terquedad de hombre auto formado. Y pues sí, tuve padres, tengo padres, pero no recibí de ellos aquello que supuestamente debía recibir. Más bien lo que recibí de ellos es algo con lo que no estoy de acuerdo, sus costumbres, moralidades y demás elementos culturales me parecen equivocados, y que decir de las razones del estado, uff, si quieres podemos hablar de política hasta que el sol ya no arda.

Bueno, creo que perdí el hilo, cierto es que esta sensación de alerta me acompaña hasta la puerta de entrada del restaurant. Aquí atravieso el siguiente escollo social, la joven recepcionista me pregunta, en un tono medio robótico, si quiero una mesa para uno o para dos. Aprecio su alto sentido de observación y la sagacidad de su intuición, pero en su inflexión me parece entender que su sentencia es “mesa para uno” y aquello me irrita un poco, un poco harto. Bueno, quizás me puse a la defensiva, es cierto que me ha costado encontrar el amor luego de romper con mi esposa, la mujer de mi vida, como tantas veces dije y creo que de decirlo tantas veces me lo terminé creyendo, así que por ahora soy viudo sin tumba donde poner todas estas flores. No intuyas una referencia sexual en ello, bueno creo que yo lo acabo de hacer, mmm ¿en que estábamos?, a si, la recepcionista prejuiciosa me manda directo a la friendzone, pero ¿qué hacer?, le digo que no se preocupe, que vengo a ver a mis padres. Me despido con un intento de desgano, onda como para hacerle entender que no me importa su opinión, nada más ajeno a la realidad, ahora pienso que los primeros indicios de esta alerta emocional temprana están apareciendo. Descarto alguna construcción lógica, sobre los acontecimientos que acaban de ocurrir, con un simple “no te atrapes” y continúo hasta la mesa donde están mis padres. Para mi sorpresa ambos se levantan al mismo tiempo e intentan saludarme al unísono. Ya de entrada me dejan con un nudo en la garganta, ¿cómo puedo elegir entre ambos?, más aún, luego de no habernos visto durante tanto tiempo. En un flujo divino de inspiración se me ocurre abrir ambos brazos para saludarlos al mismo tiempo, una situación por demás incomoda, de esos momentos que entran rápidamente en el inconsciente para ser consumidos por el olvido apresurado. Un respiro mirando a la ventana y me siento en la mesa junto a ellos. Luego de haber sobrevivido al linchamiento de la recepcionista, mi cuerpo se ha llenado de nerviosismo e intento sacármelo de encima de forma disimulada, cosa que no crean que me he vuelto loco. Se me ocurre excusarme para ir al baño, pero acabo de llegar, la idea no fructífera. Así es como, mientras escucho de mis padres noticias sobre hermanos, primos, tíos, abuelos y demás familiares olvidados, escojo palabras en sus discursos, que estén en favor de mis propias creencias,y ocuparlas de excusa para estirar las piernas, relajar los hombros y tronar los dedos. Por lo que escucho la familia está bien, mayoritariamente, a excepción de mi hermano, quien parece estar enfrentando problemas en su matrimonio. Mis padres me cuentan que, aunque han hecho su mejor esfuerzo, tanto él como su esposa han tomado la decisión de separarse luego de diez años de unión marital, con su pequeña hija en medio de la tormenta. Al menos en las fotos se le ve contenta, a sus tres años de vida supongo que todavía no le interesan los quehaceres de una pareja que ha tenido que enfrentar las dolorosas espinas de la insoportable realidad del desamor, ni se ha enterado del ulterior resentimiento que no ha llegado hasta su pequeño corazón. Aunque dicen que los niños son muy perceptivos, quizás en algún grado siente esta perdida que continúa ocurriendo incluso ahora. Pues cuando el corazón se desangra, la sangre brota por las heridas hasta que el vacío cubre todos los espacios donde antes el amor triunfó. ¿Esta primera conversación habrá durado veinte minutos? Y el mesero vino como tres veces a preguntarnos si estábamos listos con el pedido y supongo que se dio cuenta que estábamos más concentrados en la tragedía de mi hermano. Y reconozco que no participé mucho de esta primera parte, más bien escuché lo que me estaban contando y también confieso que, aunque las noticias sobre mis familiares me importan porque los quiero y siempre están en mi corazón, lo que realmente me llamó la atención fue que mis padres no lograron ponerse de acuerdo en lo que decían. Pero bueno, el mesero viene una tercera vez y esta vez sí tengo el espacio emocional para bajar la mirada hasta la carta, repaso la lista de platos sin leer nada realmente, más bien descanso de esta primera avalancha de información y termino pidiendo cualquier cosa. Y por cualquier cosa me refiero a una hamburguesa con doble queso, tocino, lechuga, mayonesa casera y salsa americana. Entiendo a los puristas que señalan que la comida no llena el vacío que tenemos dentro, honestamente siento que están equivocados, especialmente cuando tienes hambre, y más que eso, paren con enjuiciar a los demás, ¿que no puede una persona tener una comida que le recuerda su infancia? ¿Su arcadia de la juventud, envasada en un paquete redondeado esponjoso y dorado levemente, para dar con el tostado crujiente en el centro y la suavidad de la seda en los extremos? Que levante la mano a quien se le ha hecho agua la boca, ya está bien continúo con el relato. Pedida la comida y el mesero se despide con una sonrisa casi femenina, o quizás completamente femenina, nos deja para retomar una conversación que ya habíamos olvidado.

De los familiares pasamos a los gatos de la casa de mis padres, quienes se la llevan peleando por el territorio y ahora se han hecho más enemigos en el barrio, como toda buena pandilla de gatos haría. En medio de esta nueva conversación caigo en cuenta que ni mi madre ni mi padre han hablado sobre ellos mismos, cosa común en ellos supongo. Sin embargo, esta duda no se me escapa y en el primer silencio, escaso desde el comienzo de la interlocución, se me ocurre inquirir sobre sus vidas. Extraño, pero antes de contestar, mi padre ya se está excusando para ir al baño. Así es como me quedo sentado frente a mi madre, quien parece reticente a compartir alguna historia personal. Esto me lleva, obviamente pues no soy una alimaña sin corazón, a sentir creciente preocupación, ya pienso que me van a salir con alguna noticia devastadora en la onda de “tu papá tiene cáncer” o “me diagnosticaron alzhéimer”. La respuesta de mi mamá me tranquiliza inicialmente, inocentemente en realidad, me dice que están teniendo algunos problemas, nada grave por lo demás, a causa de la apnea del sueño que ha desarrollado mi padre. Me dice que durante las noches los fuertes ronquidos no la dejan dormir, que han visto a algunos especialistas y que les han indicado una posibilidad para mejorar su calidad de vida, dormir en habitaciones separadas. Aquí empiezo a entender el presente de sus vidas y quizás los motivos que no les han permitido ponerse de acuerdo en la conversación previa. Entonces la cosa es que, intuyo mi padre, no ha accedido a la idea de dormir separados. Algo extraño pues nunca vi a mi padre como un “mamón”, ya, no es de pesado, pero me cuesta verlo como tan dependiente de mi mamá, al punto de no poder conciliar la idea de dormir en otra habitación para darle un poco de descanso a la mujer de su vida. Me da con esa frase de la mujer de la vida, como si solo hubiese una, honestamente creo que es así y que yo perdí a la mía, pero a quien le importa mi desvarío sentimental cuando tenemos acá a una pareja con más de treinta años de vida en común, enfrentando una profunda diferencia de opinión. Pues convengamos algo, cuando te dan esta alternativa de dormir separados también te están pidiendo una reflexión y una postura acerca de lo que el matrimonio significa para ti. Sé que algunos dirán que estoy sobre dramatizando la situación, pero en realidad que, desde el prisma de una persona tan fijona y maniática como mi padre, cualquier acto cometido es también un acto político y como tal refleja una postura sobre la vida. Y ahora que lo pienso este tipo de pensamiento calza perfectamente con la personalidad de un mamón, pues supongo que los mamones viven bajo el constante miedo de ser dejados de lado, de perder la teta de la mamá/esposa o algo así y voy a detener esta reflexión antes de desarrollar alguna patología psicológica.

Bueno entonces el dilema de la separación, posible, real, simbólica, metafórica y todo lo demás a este punto, se ha instaurado en la mesa antes de la llegada de los platos. Mi madre parece no estar conforme con mi lenguaje corporal, luego de haberme lanzado la noticia de su crisis matrimonial. No sabe que estoy obligado contractualmente a no asumir ninguna postura que haga entender que estoy a favor de uno o de otro. Esto ya es cosa mía, pero siento que no es tarea de un hijo resolver este tipo de disyuntivas. Más el hambre creciente y la fatiga abrumadora, exaltada por el penetrante olor que escapa entre los vapores que emanan de la cocina, me lleva a perder algo de represión interna, la suficiente para salir al paso con una frase por lo demás muy desafortunada. “¿Cómo le llamas al tiempo que transcurre entre el momento en que te das cuenta de un problema y el momento en que tomas la decisión de enfrentarlo? Agonía…”. Si, esas fueron mis palabras exactas. Miren, soy el primero en reconocer la desubicación transgresora que acabo de cometer, pero entiendan, el olor de la comida ya ha penetrado hasta el centro de mi cerebro, en este momento soy básicamente un títere del chef y él lo sabe, sino como explican que haya diseñado tal bomba de sabores como una hamburguesa con dos tipos de quesos, tocino, salsas y demases. Bueno continuemos, mi padre vuelve a la mesa y me toca evadir esa mirada cómplice que las madres (y padres, seamos justos) lanzan para meter a los hijos en las discusiones maritales. Les dije que no tengo intenciones de meterme en la cama de mis padres, además supongo que mi papá ya ha anticipado que mi madre iba a revelarme información sobre su conflicto matrimonial.

Inesperadamente todo es interrumpido por la llegada de la comida, ¡finalmente!, creo haber escuchado un par de palabras en medio de la encarnizada “degustación”. Y el plato está más rico de lo esperado, tanto así que supongo que se me llenó la cabeza de endorfinas y ya hasta se me olvidó todo el drama que había teñido la tertulia desde que comenzó, my gosh… si en realidad habíamos estado hablando casi de puras tragedias. Bueno otra prueba de que la comida si llena el vacío del corazón, para que aprendan puristas. De aquí en más todo tranquilo hasta el fin de la comida, alguna palabra que encuentra rápidamente apoyo en oídos del escucha y como no si para este momento estamos todos disfrutando. El problema resurge luego de dejar los cubiertos en el plato una última vez, ahora la conversación se va a lo puramente político, pero comienza de la forma más intrascendental posible. Mi padre comienza recriminando a mi madre por tomar el teléfono y ponerse a buscar, quien sabe que, en internet. A ella parece no gustarle mucho esta critica y decide devolver la jugada, argumentando que el otro día se le ocurrió tomar el teléfono de mi padre y para su sorpresa ha encontrado un montón de material de deplorable procedencia. “Puras cochinadas” enuncia triunfante, pues convengamos que luego de esta bomba es muy difícil reponerse. Puedo notar la desazón en la cara de mi padre, quien parece una tortuga metiendo la cabeza nuevamente en la concha, luego de haber osado levantar las antenitas al sol, creo que se me mezclaron los seres vivos. La cosa es que esta línea argumentativa, en apariencia superflua, desemboca en plena discusión sobre los derechos de las mujeres, en realidad sobre la supuestamente terrible realidad que sufren las mujeres diariamente. Y digo supuestamente porque no soy una mujer y porque me reconozco escéptico, ya pero antes de que me linchen díganme, ¿qué persona, auto catalogada como racional y lógica, no hace el ejercicio de cuestionar la información entregada?. Bueno dejemos las sensibilidades a un lado reconociendo que hay que ser bastante idiota para no darse cuenta de la realidad descrita por las mujeres. Digamos que este cuestionamiento proviene de un esfuerzo por mantener a la raza de los hombres como pináculo de la evolución humana, vía cuestionar todo lo que no tenga que ver con espadas y matar personas. ¿Se entiende el sarcasmo? Digamos que sirve de contexto para la respuesta de mi padre, quien no hizo esperar su réplica ante la demanda de mi madre por gimnasios para mujeres, taxis para mujeres y en general todo para mujeres. Pero antes debo señalar que este grito separatista de mi madre, aunque puede tener una buena base ética y también ser un discurso político valido y positivo, no me cabe duda, también creo refleja de forma indirecta su demanda por una noche de sueño profundo, alejada de los ronquidos de mi padre. Otra vez me toca poner cara de piedra, pero en realidad soy un ser humano antes que hijo, por lo que no puedo evitar estar en favor de mi madre, en lo de los derechos y demandas de la mujer y en su propia batalla por un descanso reparador. Entendamos que la vida es bastante pesada algunos días y si a eso le sumas tener que dormir entre cañonazos, pues no me parece justo y no es que tenga nada en contra de mi padre, amo a mi padre, pero sea hijo o no hijo reconozco que sus argumentos no tienen ningún fundamento racional. Entonces veamos qué fue lo que él responde, primero dice que lo de los gimnasios y taxis para mujeres no le parecen porque se enmarcan en una actitud segregadora de la sociedad, cosa que está mal y ya. Pero me pregunto y le pregunto, ¿cuál es el problema de que las mujeres y los hombres estén separados en estos espacios?, sabiendo que las mujeres pasan, potencialmente, las peores desgracias a causa de utilizar espacios “unisex”, donde la amenaza de un depredador sexual creo es inminente, mientras nosotros los hombres la sacamos tan barata. Convengamos que lo peor que nos puede pasar en la calle es que nos maten o morir en un accidente, quizás morir metafóricamente, como cuando la mujer de tu vida te rompe el corazón y se acuesta con todos tus amigos, para luego mandarte fotos de cada uno de esos encuentros. Ahondemos un poco más y lleguemos al núcleo de todo el asunto, la verdad es que los hombres y las mujeres deben estar juntos en estos lugares, evitar la segregación, pues el hombre quiere que sea así, pues es mamón y no quiere soltar la teta y ya, en realidad que no se me ocurre otra cosa. Honestamente no quise decir nada al respecto a mi padre, no es mi idea cuestionar toda su vida y sus creencias, por muy ilógicas que me parezcan, aunque soy hombre y supongo que está en mi naturaleza, me conformo con apoyar a mi madre en esta pasada, que su lucha me parece lucha justa y en mi corazón siempre he coqueteado con la idea de ser mártir. La cosa es que mi madre decide soltar las riendas de su enfado y termina diciendo que, aunque el hombre diga y haga, a la mujer no le importa. Que en esta época la mujer hace lo que le dé la gana y en ningún momento ha estado pidiendo permiso. “Si quiero me voy y ya está, que no tengo ninguna razón para quedarme realmente”. Y así es como un ronquido se transforma en la grieta que termina partiendo en dos un iceberg, si se me permite la comparación.

En este punto no logro entender como la conversación se encauso en esta declaración de independencia, viendo a mis padres discutiendo se me pasa por la cabeza la idea de estar presenciando el fin a sus treinta y tantos años de matrimonio. Las señales, antes confusas ahora me parecen tan obvias, no se ponían de acuerdo, estaban hablando sobre el rompimiento de mi hermano, tienen problemas en la cama, la liberación de las mujeres. Son las estrellas hablando, esto es el destino obviamente, nada tiene que ver conmigo o con mi estúpida frase de “el tiempo que esperas se llama agonía”. Cuando chico pegaba las cosas con “stick fix”, así que supongo que ahora me toca ser el “stick fix” de esta relación. Se me ocurre enaltecer al matrimonio como la instancia única de salvación para la especie humana, para ello me tiro en cuerpo y alma en la mesa, listo para ser devorado emocionalmente por mis padres. Parto diciendo que las razones por las que nunca he podido mantener una relación estable, los motivos por los que no he conocido a nadie que pueda llenar mi vida, se deben en gran parte a que tengo de ejemplo este matrimonio que ha perdurado donde muchos otros han fallado y eso es, aunque muy valorable, una vara muy alta de alcanzar. Continúo señalando que mantenerse juntos por tanto tiempo es sinónimo de éxito en este mundo escindido por el nihilismo y el individualismo. Este mundo lleno de resentidos que, como buitres revoloteando sobre la carne pútrida, se lanzan contra las parejas que defienden el amor, para quitarle los colores y los brillos a esta vida que tanto amor y comprensión necesita. Termino con broche de oro auto compadeciéndome, indicando que probablemente nunca tenga una relación tan llenadora, esta parte se la dedico a la hamburguesa, y tan gratificante como la relación que he visto de mis padres todos estos años. El conjuro parece surtir efecto y mis padres se miran nuevamente con ese brillo que solo los enamorados poseen, mentira es solo el sol revotando en la pupila, gracias al escepticismo por quitarle el sabor a la vida.

Mi tarea parece cumplida, ya todos hemos comunicado lo inmundas de nuestras vidas y de alguna forma u otra nos hemos sentido más humanos. Habiendo apagado el fuego se me ocurre pasar al baño, al salir del mismo noto que la recepcionista me ha estado mirando con disimulado interés, o bueno alguien puede decir que me di color, la cosa es que me envalentono y me acerco a ella con esa sonrisa nerviosa que me caracteriza y me hace tan irresistible a las mujeres, esto claramente es una mentira. Intercambiamos un par de palabras más bien torpes, aquí noto que nos parecemos en eso, en la torpeza que surge en una conversación inesperada. Quedamos en salir prontamente a tomar algo, a conocernos realmente. Me despido con el cien por ciento de mi simpatía, al tiempo que mis padres llegan hasta la salida de la fuente. La velada ha terminado y me despido de ambos, sin embargo, mi madre no puede evitar decir algo, me critica que no me resultan las relaciones porque me enamoro de la primera mujer que me encuentro en el camino. Mi padre sale al paso e indica que “déjalo vivir su vida como quiera”, así es como otra discusión comienza, aunque esta vez no participo de ella. Quizás así sea el amor, el de verdad, el que soporta ronquidos y liberaciones, yo solo espero que parta con conversaciones torpes sobre quienes creemos que somos y que pueda nacer en la recepción de un restaurant.

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