Pa callao

2.132

Callao…

¿A qué profundo abismo has caído ahora querida mía? De que oscuro palacio las puertas se han cerrado y tu silueta, tan sutil como las sombras de la mañana, ha quedado aprisionada, alejada de mis manos ahora huérfanas de tu ser. Algo así fue lo que pensé, lo juro, parece que tengo una don quijote vagando por las planicies del neo córtex, hace cosquillas. La cosa es que la Dani se murió y todavía estoy esperando las lágrimas, honestamente pensé que llegaban onda instantáneamente. Recibo la noticia del emisor, Don Ricardo no sé qué , soy malo con los nombres, pero espera, Don Ricardo me contó que la Dani se murió, onda suicidio style y todo el rato me miraba con ojos de detective, onda fino con los detalles, las formas, la paranoia de una persona desconfiada yo creo. Igual entiendo que haya pensado algo como eso, con la Dani llevábamos viviendo juntos como dos años hasta la semana pasada. No había etiquetas, entrabamos y salíamos, en buena onda ¿o no? Me refiero a que ella no era nada para mí porque ella me decía que yo no era nada para ella, ¿o era al revés? Cosas pasivo agresivas supongo, la cosa es que el tal Don Ricardo vino a verme hace como treinta minutos atrás y me dijo que encontraron a su preciada hija acostada en su habitación, luego rompió en lágrimas y me miró un rato antes de continuar el relato con un devastador “la Dani está muerta”. Yo en shock aún con tamaña noticia y el Don Ricardo se seca las lagrimas en un dos por tres y desaparece como alma en pena en las puertas del paraíso.

Si bien recuerdo nosotros terminamos la semana pasada, son como recuerdos los que ahora se me vienen a la mente, caminando juntos, puta la risa de la Dani era súper cuática, onda la escuchaba y viajaba a sus labios, era muy mágico todo eso. Ya igual había un lado malo, la Dani se enojaba harto, que la silla está coja, que el agua está helada, que los patos no se ponen para la foto, ¿los patos? Wn los patos no están ni ahí con las fotos, pero anda a decirle eso a la Dani, te parte un rayo. Es una cosa de procesar la información yo creo, onda ni siquiera la extraño, está como a mi lado, en mis recuerdos, la pasábamos bien juntos. ¿Será que se transformó en fantasma y ahora está aquí? No creo, no creo que haya venido a verme a mí, la Dani tenía cosas más importantes que hacer todo el rato. La Dani nunca se cansaba de hacer cosas wn, sube al cerro, baja a la caverna, enfrenta al dragón en el último calabozo, convence al guardián del umbral para que nos deje entrar a un lugar al que no queríamos ni entrar. ¿Qué onda fue de la Dani? Oh verdad se murió, el Don Ricardo entregó la información, se puso a llorar y me miró como diciendo ¿tú la mataste? La verdad es que no Don Ricardo, le hubiese contestado. La verdad es que la Dani dijo que cuando cumpliera 25 años se iba a quitar la vida y da la casualidad que la semana pasada la Dani cumplió 25 años. Por lo mismo encuentro que el resultado que usted describe es preciso si tomamos en cuenta que la Dani era conocida por cumplir sus promesas. Me da un poco de lata que no pude despedirme de ella, me tocó turno el sábado hasta la madrugada, era su cumpleaños obvio pero habíamos terminado nuestra relación el miércoles y todo se sentía muy raro todavía como para volver a vernos. Ella me dijo que este año no iba a celebrar su cumpleaños, que su deseo era estar sola y cuando la Dani te habla en ese tono tan particular, grave pero entonado, sutil entre sus labios pero profundo e inflexivo, no queda otra más que aceptar. Lo malo es que se me quedó un polerón en la casa de la Dani y me gusta mucho, es un polerón especial para mí, digamos que tiene valor sentimental. Me lo regaló una amiga hace tiempo, todavía me acuerdo que estaba mirando la vitrina y me faltaban como 3 lukas para comprarlo, ella me miró, sonrió y me pasó 3 lukas, onda me dijo “anda cómpratelo”. Me trató como niño wn que mala, ¿realmente me iba a morir sin el polerón? La cosa es que ahora tengo que ir a buscarlo a la casa de la Dani pero la Dani está muerta po.

Me acuerdo la primera vez que estuve parado en este maldito paradero, la Dani se fue a sentar al pasto sin decir una palabra, treinta minutos después entendí por qué lo hizo, cuando la micro apareció, casi milagrosamente en ese momento, en el fondo de la calle. Durante esa larga espera con la Dani nos conocimos profundamente, nuestro sabor, olores, la textura suave de sus manos cálidas, era linda la Dani, nadie puede negarlo. Lo que intriga es la pregunta ¿por qué una mujer tan bacan como la Dani iba a querer suicidarse? Contexto, o sea, la Dani sufría harto en realidad, por ejemplo le molestaba mucho cuando entraba a una habitación de un color que no le gustaba, sentía pánico inmediatamente. Otras veces quería irse cuando la música estaba muy fuerte, o no era de su “onda”. Incluso muchas veces me dijo que prefería que estuviéramos juntos pero solos, pero solos, pero solos… Esa es una trampa creo, en realidad le dije que no, que nos quedáramos. ¿Pueden culparme? Es que yo no había notado que todas esas cosas que a la Dani le molestaban, le molestaban cuando estábamos con otras personas, precisamente con nuestros amigos. Pero es que yo no sabía que el Pablo le tenía ganas, que parece que se enamoró/obsesionó de ella desde el primer momento en que la vio (lo que es un poco psicopático en mi opinión). Y que la Paulina le tenía celos por estar acaparando las miradas de los hombres y que esas miradas que me lanzaba en las cenas y otros compromisos eran solo para sacarle pica a la Dani y que esos panquesitos que estaban rellenos de chocolate eran para Don Ricardo, que no lo supe en ese momento y me los comí todos mientras la suegra contaba a los comensales lo maravillosas que eran las puestas de sol en el norte de Italia, que esos panquesitos habían sido diseñados específicamente como tributo de la señora para el caballero luego de una acalorada disputa familiar establecida en días previos a la reunión familiar. Que al no comer los panquesitos, Don Ricardo experimentaría una baja de azúcar que lo llevaría a enfadarse con la Dani por haber dejado sus estudios, situación que los llevaría a separarse y perder el contacto tiempo después. Tal vez estoy siendo duro conmigo mismo, con todos en realidad, lo que pasa es que el asiento de la micro es medio incómodo, no da mucho tiempo para lindos pensamientos.

Anyways, no crean que ya tienen establecido el perfil psicológico de la Dani, ni lo sueñen, y no les voy a mentir, yo tampoco la entiendo realmente, ella habitó sus últimos días en el filo de la existencia, donde las papas queman, en el límite máximo de todas las cosas, es una cuestión de superhéroes no les miento. La última Dani era una mujer dispuesta a enfrentar todo lo que se le pusiera por delante, con los ojos puestos en la verdad, esa verdad que es la única verdad que existe realmente, la que aparece cuando enfrentas tus miedos y la Dani… la Dani había puesto la vida en la línea. Es que todos sabían que la Dani se iba a quitar la vida en su cumpleaños número 25, en serio, fue tema de debate obligado durante el último año. No recuerdo ninguna de esas conversaciones, supongo que en el fondo nunca pensé que lo haría, ¿alguien le habrá creído realmente? Es que la vida se pone dura a ratos y las pequeñas cosas se van perdiendo supongo, como el color de todas las cosas que se despide un poco cada vez que miras con detención.

¿Qué habrá sido de todos nosotros? La cosa es que la micro se da algunas vueltas antes de caer en la calle de la Dani, eso me da tiempo de pensar un poco las cosas, probablemente esté la mamá, quizás ella me reciba, sería lo mejor encuentro porque la tía sabe que la Dani conmigo era cero atados. Onda no siempre obvio la tía entiende, nos costó un rato ponernos de acuerdo pero cuando lo logramos nos dimos cuenta que no nos caíamos tan bien, pero lo pasábamos bien en la cama, tan bien que lo demás no importaba mucho realmente. Bueno quizás algunos piensen que somos simples en ese sentido y en realidad no me molesta eso de la simpleza. La Dani diría algo así como “lo que pasa es que tu no entiendes, es algo que se siente no que se piensa”. Buenos consejos de la Dani que siempre me miraba con esa cara de “ya la cagó otra vez este wn”. La verdad es que la Dani me estaba rescatando de la miseria, yo era su pago supongo por ser ella tan perfecta. De su gracia cálida para abrazar el dolor ajeno, volviéndolo real y obteniendo el tributo de una clarividente. Por fin me bajo de la micro, el viento cruza la avenida renovando el aliento de mi vida que llevo bien adentro para atravesar estas tierras inhóspitas, estas casas de veredas frondosas, de amantes al deporte, a las sonrisas firmes y a las miradas piadosas. Igual que la Dani y ella siempre tuvo esa facilidad para hacer sentir mal a las personas, quizás involuntariamente, pensando que su mente era la respuesta a todas las preguntas. Así era la Dani, obtusa como dos objetos tratando de ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. Sabiendo antes que los demás supongo, lo que sea que había que saber. Bueno pasé casi dos años con ella, tuve que acostumbrarme un poco a su paranoia controladora. Lo importante es que nunca lo dudó y en eso encuentro que está toda la gracia de la Dani, vivió hasta el último día en su propia fantasía, encerrada y entrelazada en sus pensamientos, cubierta de un sol frio y arrogante que no le permitió ser feliz.

Don Ricardo abre la puerta, rápido una respuesta, ¿buenas tardes? Suena bien, lo digo, bajo la mirada antes de tocar sus ojos y aún en el pequeño ademán logro ver el peso de la muerte de una hija en los ojos de un padre cariñoso, ¿o me estoy imaginado todo esto? Realmente no recuerdo que el Don Ricardo fuera una persona tan agradable. Extraño que el cariño pueda doler tanto, pienso al tiempo que recibo el apretón de don Ritchi, quien acaba estrangulándome la mano al tiempo que me da las gracias por haber venido. Balbuceo algunas silabas, a saber “el… pol… el pole…” sonidos que no encuentran receptor alguno y un silencio incomodo se roba el sentido de toda la existencia, un vacío existencial se forma entre nosotros y la gravedad aumentada exponencialmente nos impulsa hacia el centro del espacio que nos enfrenta. Un rayo de luz atraviesa los lugares más recónditos de la mente y de entre los archivos sagrados de la naturaleza humana surge una respuesta. Mi labio superior se mueve casi imperceptiblemente, creo sonreír, me sonríe de vuelta. La llave, la apertura de las puertas, puedo seguir avanzando. Logro abrirme paso hacia la sala y me pierdo por instantes entre las personas, familiares y amigos, que ahora acompañan en la devastación, escondiendo cualquier indicio de felicidad entre susurros agridulces. Del “que rico verte” al “no puedo creer lo que pasó” en menos de tres frases. Me siento atravesando un campamento invernal, un puñado de tenues flamas encendidas en el centro de todos para atravesar un invierno crudo y despiadado, silencioso al despertar y ruidoso antes de ir a dormir. Atravieso el último iglú con un ademán de manos general, un saludo social inespecífico pero lo suficientemente significativo como para dar a entender que me importa mucho todo. No es que no me importe algo en específico, en realidad es que me importan todas las cosas, no solo las cosas que la gran Dani pensaba y que todo el grupo de amigos siguió siempre al pie de la letra, por eso tampoco me resulta complicado hacer otro saludo social para escapar de las miradas de dicho grupo de amigos, a quienes ahora no quiero ver, quizás otro día. Me refiero a que no he encontrado algo que no sea importante, todos y cada uno de los momentos vividos es un tesoro significativo para el corazón pienso, ¿unos recuerdos? No… un montón de cosas lindas que me llenan por dentro. La Dani es parte de eso creo, ¿lo habré sido yo para ella? Creo que lo averiguaré más tarde, pero por ahora camino hacia su habitación, la mamá me dijo que el polerón estaba entre las sabanas de la cama, luego me guiñó el ojo. Un poco del gin tonic se le balanceó afuera de la exageradamente ancha copa de vidrio en medio de la respuesta, entonces, Don Ricardo se puso a retarla por haber hablado demás. Le dije que no se estresara, que yo entendía que no hubiesen tenido tiempo para hacer la cama, que era natural y hasta saludable. No se eso fue lo que se me ocurrió. Don Ricardo se ofrece para buscar el polerón, hasta servicial se ha puesto, realmente es cierto lo que dicen, todos cambiamos cuando perdemos a alguien importante. Le doy las gracias y lo disculpo cuando me pide que espere un poco, que se está quemando la carne en el asador. Espera ¿Cómo es que hay un asado en un funeral? Ahora entiendo porque Don Ritchi andaba con esa polera de equipo de futbol, al principio pensé que era una forma de lidiar con el dolor, onda con la garra. La cosa es que tampoco me gusta esperar, así que prefiero continuar hacia el pasillo en cuanto Don Ritchi desaparece entre las persianas del ventanal que lleva al patio.

Luego de haber pasado un rato esperando por lagrimas que nunca llegaron, de haber escuchado la noticia de una muerte repentina, de un posible culpable (¿yo?) del recuerdo de un polerón que me regaló otra persona, ¿Cómo se llamaba? Tanto tiempo… no puedo recordar. Y ahí entre las sabanas está el polerón, lo tomo y lo huelo, no puedo evitarlo, quiero saber si queda un poco de la muerta entre las telas de este regalón que ahora recupero, el olor está ahí y adivinen quien más está ahí, pues la Dani, si, ¿la misma Dani que había muerto y todo eso? Exactamente, la misma Dani que había muerto, resurrecta tras la cama, pobremente escondida, evidentes señales de insomnio y deshidratación, aferrándose a la vida tras las paredes de su habitación, su habitación de todos estos años, ese lugar mágico en que ella pudo ser ella realmente, ¿pero quién era esta Dani de la que todos hablan tanto? Una mirada rápida a la habitación puede ofrecer alguna respuesta, libros de ficción de corte social, dramático, algunos diccionarios, unos vinilos en excelente estado, pero ¿tendrá un tocadis…? Si, ahí está, sin falta junto a la mesa. ¿Quién escucha vinilos? La Dani, ¿ven a que me refiero? Yo que sé, a mí nunca me gustaron los tocadiscos y los vinilos me huelen a plástico, igual ahora me dan ganas de escuchar uno, pero creo que la Dani no va a estar de acuerdo. Le pregunto qué onda, porque está viva si estamos en su funeral, el error me parece sintáctico pero coherente por alguna razón o esperanza quizás. Bueno la cosa es que la Dani me dice que no pudo suicidarse, que le dio miedo, pero había hecho tanto alboroto con que se iba a matar para su cumpleaños que ahora le daba vergüenza presentarse en público, por lo que le pidió a los papás que le hicieran un funeral, creo que hasta lo coreografió, no se no me acuerdo en realidad. Lo importante es que pude recuperar el polerón y me aferré a ese pensamiento para pasar entre las personas aguantando la risa, creo que Don Ricardo me dijo algo camino a la salida de la casa, pero para ese momento la realidad ya no era la misma.

Esperando la micro lancé una carcajada, me cagué de la risa ¿ok? Bueno es que a veces imaginar es más divertido, ¿Cómo habrá sido? ¿Quién se habrá dado cuenta primero, las personas? ¿será que la Dani logra suicidarse eventualmente? ¿podrá el mundo perdonar tanta tontería? No lo sé, el viento ha comenzado a levantar, (voy a salir con la del polerón, perdón). Hacía frio y me puse el polerón, no se sobre todo lo demás pero… este polerón es calientito. Buenos pensamientos para esperar la micro, que tanto será media hora luego de haber presenciado la resurrección de una ex, ¿tendrá algo que ver con el motivo de nuestro quiebre amoroso? Verán, todo comenzó el 24 de marzo, el día en que nos conocimos…  ¿FIN?

 

One thought on “Pa callao

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s