La Venganza

39

El olor de Santiago nunca cambia, como si las calles estuvieran cubiertas todas con esa misma fina capa de historia que perdura, ¿serán así todas las ciudades? En eso pensaba para distraerme, esperando en la sala de embarque la primera vez que viajé fuera de Chile. Después se me olvidó, pero sí, es cierto, Santiago siempre huele igual, como a algo malo que está pasando ahí mismo, a plena luz del sol y que, sin embargo, no podemos ver. Yo puedo verlo, puedo mostrarles, en serio, ¿quieren? Bueno, recuerdo una vez que venía de regreso de un viaje al Caribe, fue hace como un mes atrás. Era mi cuarto viaje en el mismo año, todo un logro para mí sí puedo decirlo. La fecha cercana a las festividades de fin de año, las calles atestadas de compradores potenciales y yo con ganas de volver a partir, sin dinero para sustentar vacaciones en lugares exóticos. ¿Pueden excusar el sueño lúcido? Me encanta viajar y conocer lugares nuevos, la novedad, ese sobrecogimiento que viene con la ignorancia, que se pierde con la sabiduría. Ustedes saben de lo que hablo no se hagan, bueno me siento libre, apartada de la realidad del mundo, de la desgracia ajena, protegida por la invisibilidad que solo el dinero puede otorgar. Que más, mmm, veamos, recuerdo que iba caminando al supermercado muy cercano a mi casa, un par de cuadras más allá me encontré con la Denisse, una amiga de esas que duran harto, aunque no son particularmente cercanas. Una de esas amigas con quienes da gusto conversar los espacios vacíos en la historia de nuestras vidas. Eso resulta divertido con tanta tontera que una vive, bueno es poder sacarse un par de piedras de los zapatos con la amiga que escucha, en una divertida conversación.

La Denisse me invita a tomar un café por ahí, acepto gustosa y ambas nos acercamos al café Frederlynn, atendido por sus dueños recita el cartel en la entrada ¿será cierto? Me apena preguntar, quizás le pida a la Denisse que pregunte, ella seguro se atreve. Pienso que pasará al menos una hora y media antes de que cierre el supermercado, una apuesta ciega considerando el nivel de la luz en la ventana del café y las ganas de sentarme, la verdad es que los pies me han estado doliendo toda la semana, y la Denisse ya me está preguntando que por qué estoy tan bronceada. Mujer perspicaz, igual pienso responder cualquier cosa para no meterme en algún problema. Pero lamentablemente el día me encuentra somnolienta y con algo de fatiga. Súmale a eso el dolor de pies y me toca responder lo primero que se me viene a la cabeza. Le digo que el Tomás me pagó el viaje y me lanzo a reír sin control, sin control alguno, ¿pueden creerlo? Ella no me entiende pienso por su mirada preocupada, nada que temer le cuento, fue todo muy legal. ¿Legal? Lo que pasa es que el Tomás es un contacto en común entre nosotras. Es un cariñoso profesor de castellano que enseña justamente en el liceo donde la hija de la Denisse asiste. Este profesor modelo recibió a más de una docena de apoderadas durante el último año escolar, para guiarlas en el difícil proceso de aprender la lengua española. ¿Has estado alguna vez cerca de un depredador sexual? ¿Haz sentido como le quita la vida a cada cosa en que posa su mirada?, el aire caliente y espeso que parece envolverlo, su deseo ciego. Pregúntale a la Valentina, la hija de la Denisse, no… mejor olvida eso.

La Denisse quería saber por qué yo estaba bronceada ¿cierto? Ok, lo que pasa es que el Tomás me pagó los pasajes, ahí estábamos, bien. La Denisse no me entendió nada creo, la hice sentir mal con mi respuesta despistada, eso pasa mucho cuando tienes tu propia cabeza metida en la cabeza, se te olvida que las demás personas tienen otros dolores, otros problemas que no recuerdas luego de regresar del Caribe. Bueno la cosa es que me tocó contarle la verdad, estaba muy cansada para inventar algo, menos con la Denisse ahí en la mesa esperando el café, hubiese notado una mentira a kilómetros de distancia con sus ojitos de siervo herido ¿Se acuerdan del Tomás? Bueno, el maldito fue expulsado del colegio luego de que la comunidad estudiantil se enterara de los casos expuestos por las apoderadas, el caso de la Valentina fue emblemático de todo ese conflicto. La cosa es que el Tomás no pudo ejercer más de profesor, ¿Qué iba a hacer un pobre hombre de mediana edad, todavía aferrado a las gracias de un desvanecido semblante de confianza? Esos son los peores. Algunos dicen que luego de perder su licencia de profesor, probó suerte como chofer en una empresa de limusinas, que su idea era conocer alguna estrella, que de hacerlo podría convencer a dicha estrella de patrocinarlo e iniciar así una vida de estrellato. ¿Me estay weando? ¿el mismo Tomás que hace menos de un año había metido sus manos en la inocencia de una pequeña? Al menos el destino no escatima en resentimiento, no para el pequeño Tomás, quizás abusado cuando pequeño, quizás abusando a otros pequeños, quien sabe ¿importa? No creo. La cosa es que parece que el negocio de las limusinas no era tan seguro como uno pudiese creer. Al parecer, la mayoría de las personas prefiere automóviles de tamaño convencional, ¿quién lo hubiera pensado? Ciertamente no Tomás, quien prefirió algo de libertad horaria, idea que lo llevó inevitablemente a tomar la decisión de trabajar como Uber. Dicha decisión lo puso finalmente en la correa de arrastre, apuntando directo a las fauces de la bestia llamada destino trágico. Y ahí estaba yo, una regular valkiria vengadora, parada en la esquina de Providencia con Manuel Montt, precisamente a las 8:30 pm esperando con el teléfono en la mano. Creo que un par de tipos me dijeron algo, no alcancé a escuchar, le sonreí al que me pareció menos violento, un aliado si las cosas se ponen feas. No es que no pueda defenderme, es que me gusta jugar con los hombres, lo admito, me gusta hacer que hagan cosas, es una cuestión natural siento. Tuve que cancelar mi viaje en la aplicación de viajes tres veces antes de dar con el tal Tomás, ahí estaba su maldita cara en el teléfono, cuatro minutos para la llegada del conductor. La sangre me hierve, en pocos instantes lo enfrentaré cara a cara, ¿se acordará de mí? En realidad no nos conocemos pero suena dramático. Al poco rato el Tomás llega, para él yo soy una extraña y hermosa joven en busca de un aventón a casa. Al ingresar en el asiento trasero del automóvil logro entender que este si es el Tomás de la leyenda, sus ojos sin duda alguna han escudriñado cada centímetro de mi cuerpo en una fracción de segundo. ¿Cómo lo sé? Tiene que ver con el oído creo, la respiración delata a todos los depredadores sexuales. Es una respiración irregular, pausada y contenida, demasiado contenida para un ímpetu tan poderoso. Inevitablemente choco con sus ojos en el espejo retrovisor, me saluda casi sin ganas, señal definitiva de alguna intención oculta. Eso es lo que piensan los hombres, que pueden ocultar sus intenciones, ¿a quién engañan? Lo que pasa es que no saben que no depende de ellos. No importa, esta noche tengo la intención de jugar su juego, lo quedo mirando un poco más y es todo, el tipo ya sabe que quiero acostarme con él, que es completamente irresistible para mí, que lo único que tuvo que hacer fue cruzar su mirada con la mía. Nos vamos conversando y no voy a mentir, el tipo sabe meter conversa, demuestra real interés por las cosas que le digo, ¿pueden creerlo? Hasta me hace reír, resulta que carisma no le falta. Hablamos sobre la canción tan pegajosa que azarosamente aparece para transformar la cabina de ese automóvil en una disco improvisada. Un poco más allá lo estoy invitando a compartir un rato en mi departamento, no demora en aceptar, ¿se habrá olvidado de que no me conoce? ¿Qué es lo que sabe de mí hasta ahora? Que soy una mujer delgada caliente, suficiente creo para él, ¿es un hombre cierto?, cualquier acto físico será dominado por él, ¿eso piensa? ¿Qué puede matarme o que yo no puedo matarlo? Bajamos del vehículo y caminamos por el estacionamiento, se me acerca un par de veces antes de tomarme de la cintura para besarme el cuello, me dejo estar o ser, no sé, me gusta esta parte da lo mismo lo que venga después. Lo pasamos bien hasta llegar al pasillo del ascensor, donde me aseguro de presionar los botones en el panel de control. Adentro del ascensor le muerdo los labios junto al cierre de la puerta y en la nueva apertura lo despido con un beso suave, no sé qué es todo eso. Luego me bajo y corro hacia el costado izquierdo del pasillo, esto es importante porque, cuando estaba ensayando toda esta cuestión, corrí dos veces hacia la derecha y les digo, desde ahí no se puede llegar. Bueno la cosa es que salgo corriendo con todas mis fuerzas, calculo que tendré uno, quizás dos minutos antes de que el tipo note que estamos en el subterráneo, que decida darse una vuelta por el pasillo y que finalmente encuentre el lugar al que me dirijo. Tiempo suficiente admito, quizás unos treinta segundos extra para mayor tranquilidad me hubiesengustado pero no se puede pedir de todo en este mundo. No importa, luego de un rato de indecisión, el Tomás se atreve a mover las pezuñas hasta el pasillo y asomar su carita inocente hacia ambos lados. Supongo que recuerda que tomé el camino de la izquierda, hace lo mismo, interroga al aire por mi nombre al avanzar por el angosto pasillo de altos casilleros atiborrados a los costados, bajo la influencia de una única luz parpadeante, un destello del que no vale la pena confiarse, lo sabré yo que he tenido que enfrentar las tinieblas cada vez que vengo a lavar la ropa. Da la casualidad que las lavadoras están en el mismo pasillo ¿ok? La luz se corta, shock ¿qué hará el Tomás? Parte de mí desea que se devuelva, que corra de regreso al ascensor y suba, que suba hacia una vida silenciosa lejos de las niñas. No creo que lo haga, tampoco retrocede, en realidad avanza, continúa hasta llegar al final del pasillo, la puerta de metal semiabierta lo espera para pasar al otro lado y encontrar su destino. Ingresa, lo empujo antes de que pueda darse cuenta, un poco más adentro de la habitación logra detenerse, muy tarde, cierro la pesada puerta y lo encierro. La puerta es pesada, lo sé y no importa, estuve haciendo ejercicio, la muevo sin problemas. Alcanzo a cerrar antes de la patada del Tomás, quien ya está parado en la ventanilla de la puerta de metal, echando fuego por la garganta y pidiendo su liberación. ¿Acaso piensa que tiene alguna salvación? Antes de darle alguna tediosa explicación, prefiero encender la luz al interior de la improvisada celda subterránea, en realidad camarín antiguo para el personal de aseo, personal inexistente en estos tiempos modernos de olvido por la limpieza y bolsas plásticas biodegradables. El Tomás, lo hubieran visto la cara que puso cuando vio la información en la pizarra al costado de la habitación. Sus recorridos como chofer, sus clientes frecuentes, todas las veces que las había visto en el último tiempo y sus edades, si po wn sus edades también, lo viste todo ¿cierto? ¿qué fue lo que pensaste? No quiero saber. Eso es todo, me alejo unos pasos de la puerta y me hinco cerca del suelo, usando una pequeña aguja escondida en el bolsillo de mi blusa me provoco una pequeña herida en el dedo anular. Es la sangre, una única gota de ella lo que necesito para encender el símbolo que atraviesa el suelo de la habitación en que Tomás se encuentra. Luego digo, en serio lo digo… ejem; “Un llamado, como un eco que rebota en las paredes eternas de un punto infinito, que abre espacios entre nadas y ahí entre medio nace, surge y regresa a mí espíritu indomable de la venganza, ven por mis deseos y obtén los tuyos, te ofrezco un ser vivo en sacrificio, uno que la venganza llama para que sea tuyo y que lo tuyo sea mío, ¿es un trato?” Termino el ominoso canto con el Tomás tratando de interrumpirme desde que empecé el cantico, que desagradable el tipo, ¿por qué no acepta que está atrapado? No, aún tiene algo que decir, no importa la cantidad de fotos, de seguimientos descritos en la pizarra misma, a un lado de sus ojos, prueba fehaciente de depredación sexual. No importa, termino el cántico y luego de unos segundos encuentro respuesta en el fondo de tinieblas, “trato hecho” se escucha entre las sombras del fondo de la habitación. La mole infernal, pesadilla de otra época, oculta tras el manto de oscuridad, su forma indescifrable en el vacío sin luz a excepción del único ojo enorme que parece colgar de la nada, tan rojo como la  sangre humana. La criatura sedienta de sangre se acerca a Tomás sin apuro, ¿qué puede hacer Tomás frente a esta bestia de tiempos remotos, este mal ancestral? Aquiles quizás, Carlo Magno, Ghengis Khan, pero ¿Tomás? No… en los brazos, profundos como la noche, del macabro ser, el cuerpo de Tomás es pulverizado más allá de cualquier reconocimiento. El monstruo lo hace desaparecer literalmente, ni una sola partícula permanece en la habitación, eso lo puedo asegurar. La bestia infernal suspira profundo al terminar, un relajo de sus intestinos supongo. En realidad no sé cómo funciona, me entrega lo que he estado esperando desde que se me ocurrió este plan para matar al Tomás e irme de vacaciones al Caribe, el preciado huevo de oro de Haal benu, la bestia de la venganza, cuyo tributo es un hombre y su recompensa un huevo de oro de 24 quilates. 24 quilates ¿pueden creerlo? Solo basta llenarle la panza al monstruo con un tipo malvado, o cualquier tipo en realidad no se si es mañoso.

Al fin del relato la Denisse me está mirando con los ojos saltones, obviamente no me ha creído una sola palabra, cosa que esperaba en realidad. Nos despedimos poco después y alcanzo a pasar al supermercado. Cuando regreso al departamento me quedo un rato pensando en lo lindo que sería viajar a Grecia, conocer el Panteón, la antigua capital del viejo mundo. En las noticias de la televisión escucho sobre un profesor de castellano caído en desgracia y presunto desaparecido. Las pistas indican que fue abducido por extraterrestres o algo así, no me quedo a escuchar, apago la tele, prefiero sentarme junto al balcón y respirar ese aire de Santiago, el mismo olor de todos los días, es que hay cosas que no cambian nunca en esta ciudad, como los depredadores sexuales, ellos están ahí lo sé, esperando para pagarme unas hermosas vacaciones. Al otro día me llama la Denisse, dice que es urgente, quiere verme en mi departamento, específicamente en el subterráneo. La cosa me preocupa un poco, ¿habrá creído todo lo que le dije? Luego de un rato llega de lo más contenta, me abraza efusivamente. Con sorpresa la recibo y me quedo un ratito descansando en sus hombros, es que a veces dan ganas de regalonear. Bueno después me dice que vio un reportaje en la televisión, que salía el profesor de castellano, el Tomás po. Le pregunto qué quiere, me dice que ella quiere viajar a las Bahamas y que el papá de la pequeña Valentina viene en camino.

¿FIN?

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