ARCADIA (Parte I)

80

I

El brillo del sol se cola entre las hojas de los árboles, modelando tenue el contorno redondeado del ojo del cerdo, inmerso en el repetitivo placer de masticar un trozo arrancado de pastizal. La punta de la flecha silenciosa espera para clavársele en el torso, el lugar más amplio para asestar el tiro de un cazador inexperto. Akron se está quieto, con los músculos tensos, sosteniendo el arco firme desde el centro, tal como su padre le ha enseñado. Este es su rito de pasaje, quitarle la vida al animal lo convertirá en hombre, un pilar de su comunidad. Aun así, Akron no deja de preguntarse por los motivos de su presente situación, si bien habló hasta el cansancio sobre el deseo de seguir los pasos de su padre, en los dias previos junto a la familia, ahí, en medio de las plantas verde azules, de la tierra húmeda y por sobre todo, de la mirada juiciosa del resto de los cazadores y de los pequeños que, como él, han ingresado a la selva para renacer como cazadores, Akron se encuentra a sí mismo falto de aliento. ¿Dónde ha quedado toda su valentía? ¿Cuánto más tendrá que esperar para que el hombre en su interior brote y aseste el golpe fatídico en el animal? Los segundos pasan y se llevan poco a poco el coraje del niño que indeciso, y ahora confundido, al menos mantiene la mirada fija en el cerdo. Tanto así que el alma del animal se le mete adentro del cuerpo. Akron se pregunta si acaso el cerdo sufrirá con la flecha clavada en el costado, si acaso tendrá una familia, hijos como él mismo. ¿Qué haría Akron sin su padre? El miedo lo invade, la muerte lo envuelve y le nubla el pensamiento. Caminando por la tierra desnudo, sin sombras que lo protejan del abrazante sol, sin palmaditas en la espalda que lo impulsen un poco más allá, Akron pierde todas las ganas. Inconscientemente baja la punta de la flecha, leve pero suficiente para alertar a su padre que lo mira ansioso, escondido en la espeza maleza de la selva.

– ¡Akron, tira! Exclama el padre y revela su existencia.

El exabrupto alerta al cerdo que escapa frenético entre los arboles para perderse en la espesura verde. La flecha no vuela, los brazos de Akron caen sin fuerza, gira la cabeza buscando encontrar algún afecto, alguna forma de lidiar con el fracaso en la empresa, encuentra la espalda del padre que ahora corre siguiendo el rastro del cerdo. Los cazadores y los niños le siguen el paso, ninguno de ellos posa la mirada en el pequeño Akron, quien queda solo entre los árboles, entre las duras sombras del mediodia.

Akron regresa a la aldea en silencio, con la mirada olvidada del camino y fija en el suelo, buscando alguna satisfacción en las formas y colores de las piedras que sobresalen de la tierra. Al salir de la selva y pisar la calida arena se relaja, sin embargo, nota un aire diferente, como si se tratase de otro lugar ¿acaso se ha equivocado de camino? Una extraña sensación le presiona el pecho mientras atraviesa el conjunto de chozas vacías, se protege en el sonido del oleaje rompiendo en la orilla de la playa. Un súbito sobrecogimiento lo embarga y obliga a apresurar el paso. Los ojos se le cristalizan, continua hacia el grupo de mujeres que un poco más allá escarban el cuerpo inerte de una ballena. Ellas quiebran los huesos de la costilla, desmembrenan los nervios largos y juntan la carne cuidadosamente, para apartarla de la arena. Akron observa y la vergüenza lo lleva a pisar en falso el soporte engañoso de la arena seca, resbala. El recuerdo de los cazadores dejándolo atrás en medio de la selva lo impulsa a levantarse, a secarse las lagrimas antes de que alguien lo vea y persiste en su avance hasta haber escapado del mundo, ahí entre los brazos de su madre, quien no le niega la mirada y quien incluso le entrega alguna esperanza.

– Hay más en la vida que ser un hombre hijo –

Akron siente en su corazón que la respuesta un puzle enreda. Sin embargo, ya cansado de correr acepta alivianar su carga en el regazo de su madre. Decide pasar el resto del día en la playa, mirando a las mujeres laboriosas limpiar el gigantesco cadaver hasta dejarlo completamente hueco, junto al oleaje efervescente rompiendo en la orilla, contando chispas de luz fusionarse con gotitas de agua salada. El rugido omnipresente del mar lo envuelve y le retumba en el cuerpo entero, liberándolo de la rabia que sin saber siente. ¿No ha sido culpa del padre y su grito que el cerdo escapara? ¿No ha sido un error haberse entrometido? Akron repasa los pasos dados y gana confianza. La madre lo deja estar un rato más y se devuelve con las otras mujeres hacia las chozas, los hombres llegarán pronto. El sol ahora lo enfrenta y comienza el lento decaímiento hacia el horizonte. El viento arremete hacia alta mar, golpeando la espalda del pequeño, empujándolo hacia la profundidad ¿si nado en dirección al precipicio, en el fondo del mundo, me extrañarán? Akron apaga el deseo de aventura junto al frio que le para los vellos de los brazos, se levanta y camina de regreso sin pensar más en ello. Un vacío se le mete en la guata y el rugido de las olas le recorre la espalda. Son los hombres que regresan de la cacería en la selva, en silencio esta vez. ¿Cuantas veces recuerda el pequeño haberlos escuchado regresar  entonando canciones de victoria, abrazados los unos de los otros, festejando el botín conseguido? Hoy nada, ningún canto, ningún botín. ¿Será por su culpa? Akron sostiene una excusa para pedir perdón, quizas otra oportunidad, alza la mirada y cuenta once personas. Trece han salido por la mañana y, sin contarse a él mismo, una persona falta. Con ojos nerviosos, corre al encuentro de los hombres y pregunta.

– ¿Dónde está mi padre? –

Los hombres continuan la marcha, el mayor de ellos quita a Akron del camino. Los más retrasados traen consigo un pesado bulto cubierto con grandes hojas de palma teñidas de rojo escarlata. La mano que sobresale inmovil deja mudo al hijo en busca de su padre, el resto de los cazadores avanzan con la cabeza baja, con la impotencia o quizas la vergüenza de ser humano. Los niños se reparten entre las chozas sin pronunciar una sola palabra y con ellos los colores del mundo dejan la aldea. Los hombres prosiguen la marcha que termina junto a la choza donde la madre de Akron espera.

– Corrió con valentía en la caza pero un mejor cazador lo tomó por sorpresa, lo sujetó del cuello, lo arrastró un largo trecho, logramos hacer que lo soltara de milagro –

Palabras que se roban el canto de los pajaros y el soplido del viento, luego de mirar el bulto ensangrentado, la mujer se desploma en el suelo, cubriéndo su cara y su profundo dolor con las manos desnudas. Los hombres guardan silencio y bajan la cabeza, Akron da pasos tímidos hacia su madre, traga saliva con esfuerzo, siente que la garganta se le cierra, ahorcándolo. Akron no vuelve a la selva, pocos meses más tarde su madre cae enferma de pena, El niño se prepara para una nueva despedida, ella no vuelve a mirarlo a los ojos. El tiempo se la lleva y los recuerdos Akron entierra en lo profundo de su ser, el corazón termina de partírsele. Esa noche, la primera en completa soledad, los recuerdos de sus afectos lo atormentan y una sombra helada lo cubre por completo, vuelve a escapar a la orilla de la playa y danza frenético junto a las olas y a la luna plateada, única compañía en el sufrimiento.

 II

Los años pasan y Akron guarda silencio, sus lazos con el resto de los aldeanos se diluye. Abrazado por la soledad en su temprana adolescencia, se conforma con hacer la vida cerca del mar y en hacer pasar las horas atrapado en el interminable ir y venir de las faldas marinas, estruendo constante que enmascara las lagrimas que no dejan de caerle durante largo tiempo. Otro vacio que se le hace en la guata, que lo aleja de los hombres y lo acerca las mujeres de la aldea, quienes parecen no molestarse con su compañía en la orilla de la playa. Aunque pocas veces cruza palabras con ellas, las observa y así aprende el arte de las manualidades, aunque se rehusa a construir armas, particularmente arcos y flechas. Sin embargo, la cotidianidad del quehacer femenino le aburre rápidamente, pese a que no tiene intenciones de volver a probar suerte como cazador, siente necesario poner su vida en juego hasta cierto punto. Quizas la culpa es lo que lo impulsa finalmente a tomar la decisión de volverse pescador. Con esfuerzo y habilidad confecciona fuertes redes que utiliza para pescar desde la orilla. Pequeñas victorias en la pesca lo llevan a superar las cuotas de sus competidores, a soñar formas de obtener más y más pescados, suponiendo aunque inconsciente, que con ello pueda obtener alguna redención por sus errores pasados. En secreto inicia la construcción de barcazas en la zona más rocosa de la playa, lejos de las miradas odiosas de los hombres que regresan triunfantes por la tarde de los dias, que le cargan los hombros de escosor con sus miradas penetrantes. Luego de encontrar los materiales ideales para lograr su ambicioso objetivo, se concentra en el diseño, tomando en cuenta los patrones de la parte baja de las ballenas logra dar con la forma ideal de la embarcación. Así es como Akron inicia su primer viaje a traves de las aguas, superando las olas que agarran fuerza cerca de la costa, logra introducirse en el mar hasta encontrar la zona calma, donde las aguas se silencian y ahí suelta las redes. Con el tiempo y la practica, Akron se hace bueno para predecir la ubicación de los bancos de peces, logrando capturar nuevas variedades que llaman la atención de más de algún aldeano, aunque ninguno de ellos le entrega palabra alguna de agradecimiento.

Sin embargo, las bondades de Akron no escapan a los ojos de Yuri, hermosa mujer de rasgos delicados que contrastan con un temperamento impetuoso y competitivo. Hija de una larga tradición de pescadores famosos en la aldea, Yuri siente que este niño, que ni siquiera ha logrado volverse hombre, amenaza con opacar el legado suyo y de sus antepasados. Una y otra vez ambos llegan con canastas dispares en tamaño, en peso y lo peor de todo, Akron no celebra sus victorias, ¿sabrá siquiera quien es ella? La impetuosa joven decide entonces seguir a Akron hasta su escondite entre las rocas, sin importarle a ella realmente si él nota su presencia. Lo encuentra arreglando la barcaza.

– Quiero que me muestres como lo haces, ¿me oyes? –

Akron no responde, la lengua se le traba entre la visión de la belleza de la mujer y el deseo de mantener su quehacer en secreto. Yuri se queda mirándolo desde la altura de las rocas. Akron no vuelve a mirarla, con cuidado amarra el bote, luego unta las manos en el agua estancada para quitarse el exceso de arena, se levanta y toma el camino de las rocas inferiores en silencio. Prefiere dejarla atrás y dejar que el paso del tiempo se lleve este nuevo problema. Decisión que no hace sino irritar aún más a Yuri. Al siguiente dia Akron regresa a la barcaza perdido en el patrón de ondas en la arena. Sin embargo, al levantar la mirada cerca de las formaciones rocosas, su mirada se cruza con la de Yuri, por la cara de ella parece que ha estado esperando un tiempo largo junto a la embarcación. Akron se detiene, una vez más pasa por su mente alejarse, dejar que el viento se lleve los problemas, pero no logra quitarse la irritación naciente, ¿no fue él quien se alejó de la orilla de la playa para evitar que su red se enredara con la de otros? ¿no han sido esos otros quienes han hecho su vida imposible? ¿no han sido ellos quienes no le han permitido olvidar? La rabia lo nubla y, sin embargo, Akron no tiene respuesta para ninguna de estas preguntas. La sensación y la situacion lo toman por sorpresa, al final respira hondo y continúa avanzando hacia el bote, saboreando cada segundo previo antes de posar la mirada en la mujer.

– Déjame tranquilo –

Pero Yuri no acepta la respuesta, hasta aquí ya ha pensado harto rato sobre Akron y su pequeña barcaza, el deseo de averiguar más sobre el solitario marinero la lleva a mantener su posición, no se deja intimidar por la irritación del joven, más bien decide atacar ella.

– Bueno ¿y? me vas a decir o le digo a los demás –

Yuri apuesta por intimidar a Akron, decisión que rinde frutos rápidamente. El joven prefiere no  enfrentar el juicio de los aldeanos, ya mala fama tiene y más problemas no necesita. De un salto llega junto a la barcaza, pasando a Yuri, mordiendose los labios, tomando la cuerda y soltando el armatoste de madera que se mece en las aguas calmas. Con cuidado se introduce en el bote, toma los remos y golpea la roca para impulsarse mar adentro, un poco más allá la corriente lo toma, impulsándolo un poco más . Akron se  gira entonces y observa a Yuri parada junto a las rocas, inexpresiva, ahora más seguro con la distancia entre ellos. Y Yuri observa todo el movimiento sin decir palabra alguna, sin embargo, viendo a Akron perderse entre los rayos del sol en la superficie del mar, su corazón se estremece, por primera vez en su vida se siente atraída por un hombre.

III

Con el paso de los dias, Akron decide unir fuerzas en la pesca con Yuri, logrando silenciosa sincronía en medio del mar. La labor a veces tediosa, la espera inquieta por la captura alivianose con la compañía de la mujer. Poco tiempo después ambos forman un lazo afectivo, nacido en ella por la necesidad de llevar a cabo su destino de pescadora y de él por compartir la vida, por terminar con sus dias de soledad. La buena suerte en la pesca permite a Akron recibir el beneplacito de los padres de Yuri, pese a que no dejan de recordarle la debilidad de carácter. Akron toma distancia de ellos, se relaciona lo suficiente para no incomodar a su pareja, en quien ahora confía realmente. Y Yuri entiende a Akron, le permite los caprichos. Ambos sellan el compromiso regalándose colgantes confexionados por ellos mismos, según la tradición de la aldea, utilizando conchas y piedras que encuentran escondidas entre las arenas de la playa santifican la unión matrimonial y con ello tambien ganan mayor distancia e independencia frente a los padres de Yuri. Poco tiempo después nace Yuna, su primera hija.

Sin embargo, el paso de los dias no calma la herida en el costado de Akron, la flecha fría que se le ha clavado en el costado en su infancia regresa a atormentarlo. Durante las noches suele regresar al pasto humedo de la selva, entre las copas de frondosos árboles que le quitan el encanto al sol, con el cuerpo fornido del cerdo escapando entre los pastizales de hace tantos años. Otras noches enfrenta la sombra del cazador que se llevó a su padre, el enorme felino de pasos sigilosos, tan silenciosos que no logra escucharlos hasta que es demasiado tarde y entonces un salto, una conmoción y despierta. Yuri le pregunta una y otra vez por los motivos de tantas tribulaciones, una y otra vez él responde con un nuevo silencio. Akron no tiene intenciones de mostrar su debilidad ante Yuri, a riesgo de que ella lo considere indigno. Sin embargo, la falta de sueño lo obliga aencontrar alguna respuesta, por lo que toma la decisión de pedir consejo al chamán de la comunidad. Akron camina hacia las afueras del pueblo, hasta la casucha desarreglada, trepidada por musgos de varios tonos verdosos y con fuerte olor a especias, que marca el límite del territorio de los hombres y el comienzo de la selva. Al ingresar, se ve envuelto en el pesado aire del encierro, una fina estela de humo le nubla la mirada hacia los espacios interiores. Transita contornos perdidos, difusos, apoyándose más de una vez en las paredes sudadas que le dejan las palmas empapadas. Un poco más allá encuentra al chamán parado en la habitación más profunda de la morada, junto a las llamas de un fogón. Ahí está el viejo de rostro cubierto con una máscara confeccionada con huesos del cráneo del anterior chamán. Akron recuerda haber escuchado esto de boca de su padre, quien solía pedir consejo regularmente. Se le ocurre preguntar una y dos veces, luego tres pero nada, ninguna respuesta, el viejo se mantiene inmutable como una estatua, con la mirada fija en las llamas en el centro de la habitación. Irritado, Akron avanza y toma al viejo del hombro, pero su mano le atravieza la carne que se revela ahora como humo y cenizas. La forma del chamán se desvanece con el movimiento de la mano de Akron, quien, aturdido por el súbito quiebre de la realidad, retrocede torpe un par de pasos, para detenerse al sentir una presencia atrás de él. Se trata del viejo, quien parado junto al umbral de la entrada, echa una aguda carcajada al ver la reacción de Akron.

– Ah, el niño que no pudo ser hombre, ¿Qué quieres tú de mí? Los niños no necesitan sabiduría –

Akron se irrita rápido, pierde la compostura y las ganas de preguntar. Camina hasta la salida con la intención de retirarse, en dos o tres pisadas, está convencido de la futilidad de este viaje en busca de consejo. Pero el viejo no se mueve del umbral.

– El niño arranca como todos los días, el niño tiene el corazón apretado –

Indeciso entre pasar por encima del viejo o quedarse, quizá se haga humo una vez más, Akron contesta.

– Dime que sabes de mí viejo. ¡Te exijo que me digas! –

De algún lado Akron saca el coraje para alzar la voz en su segunda sentencia y casi termina de decirla cuando el viejo se le viene encima. La bravucada termina en un paso en falso y Akron casi cae encima de las llamas.

– ¿Vienes a demandar o a perder la vida? Los niños no saben nada –

El viejo ríe y salta en una pata, girando alrededor de Akron, quien siente los ojos cansados de tanto humo que lo envuelve, que se levanta de las llamas con cada paso que el chamán da en el suelo negro y las pequeñas piedras brillantes que sobresalen le recuerdan el cielo estrellado. Akron tambalea, está mareado, la silueta del viejo cambia radicalmente de forma con cada paso que da en la cortina de grises alimentada por la danza de las llamas. Primero un hombre, luego un cerdo y luego un niño.

– Quiero saber como puedo hacerme hombre, tu sabes viejo dime, por qué nunca pude hacerlo –

El viejo ríe una vez más y sentencia.

– Los niños no saben sino jugar, el hombre no se hace el hombre es. Toma la vida con las manos, se hace fuerte con las caídas, regresa y termina el trabajo. Los niños vienen y otros se van, tan lejos como el olvido, ¿hasta donde llegarán para encontrar el corazón que se les perdió?

– ¿Llegar? ¿A donde? Pregunta Akron confundido.

– Adonde los están esperando, pero los niños no escuchan, corren y escapan hasta el fin del mundo. Viajan tan lejos que nadie se acuerda de ellos, se enfadan, avanzan con los ojos vendados, un poco más y cuando van a caer se afirman en la linea que separa el cielo y el mar.

– Espera, mi padre me contó una historia sobre una tierra lejana, perdida en los recuerdos de los antepasados –  Responde Akron.

El viejo se detiene en seco, la danza termina.

– Ah, el niño conoce algo… Arcadia le llaman, la tierra prometida, nadie que recuerde se acuerda de ella, solo los valientes van en su busca, pero no regresan.

– Pero si regresan, nadie dudará de su valentía ¿cierto? –

Akron interroga pero solo logra de respuesta el bostezo del chamán.

– Cuando regreses nadie se acordará de ti o nadie dudará que hombre eres y siempre serás. Es una apuesta ¿ves? Lo importante es que no sabes, ¿es eso lo que deseas? –

Akron esconde la pequeña sonrisa que le brota inconsciente. El viejo chamán da media vuelta y se aleja del umbral de la puerta. Akron camina hacia la salida, tiene más preguntas pero entiende que no le darán más respuestas, entonces calla y sale de la vieja casucha con nuevos brios, se siente feliz por ello.

 IV

Pocos dias después Akron inicia la construcción de una nueva barcaza, simple pero lo suficientemente resistente para llevarlo un largo trecho, para atravesar aguas turbulentas en busca de ese tesoro elusivo, Arcadia. Para dejar atrás la sensación que lo tomó entero ahí parado en medio de la selva, para desgarrarse de la perdida de su padre, de su madre, de su vida entera. Opta por no contar sobre sus planes a nadie, ni siquiera a Yuri, también porque todavía se debate sobre la consecuencia lógica de su decisión, abandonar a su familia. Los días pasan indescifrables el uno del otro bajo la estricta rutina que Akron implementa en su vida para mantener los planes ocultos y para avanzar en la construcción de la barcaza, terminando al cabo de un par de meses. Entonces, ahí junto a las rocas y la espuma de mar rebosante, Akron se detiene a contemplar el resultado de todo su esfuerzo, la embarcación más grande que ha construído meciéndose lento sobre aguas calmas del anochecer, casi invisible en la tímida luz de luna, un par de minutos más y  las nubes que surcan el cielo la hubiesen cubierto en tinieblas por completo, entonces Yuri no la hubiese visto.

– ¿Qué planeas Akron? –

Yuri interrroga sin sorpresa, en su mente ya se ha formado más o menos el panorama y la respuesta de Akron tampoco le sorprende.

– Tengo que hacerlo –

Responde Akron sin ganas de defenderse.

– No tienes que hacer nada, tu vida es aquí, conmigo, con tu hija –

Responde ella, haciendo gran esfuerzo por mantener el tono de la voz. Pasos previos en la arena la han dejado adolorida y es que ella ha sabido todo el tiempo sobre los planes de su esposo, pero hasta ahora no ha encontrado el valor para decirle que haga lo contrario. En el fondo siempre pensó que él no se atrevería a dejarla, a irse, ahora enfrenta un panorama diferente.

– Tu no entiendes, mi vida no ha salido de ese maldito dia, todavía estoy ahí esperando… ¡tú no entiendes!

Responde Akron dejándose llevar por las emociones que lo impulsan al mar.

– Te lo suplico, no hagas esto, no vas a sobrevivir…

La voz de Yuri se quiebra, su voz pierde intensidad, ahora teme por la vida de Akron, de la locura que lo ha tomado.

– Tu también piensas que soy un niño ¿cierto? Acusa Akron, exagerando un insulto que realmente no siente.

Yuri corre la mirada hacia el costado, el silencio extiende la distancia entre ellos, la luna parpadea lento y las nubes cubren la arena de oscuridad. Yuri se toma el tiempo necesario para contestar.

– Tú no sabes lo que eres, pero yo sí sé, eres un buen hombre, un hombre tierno y un padre amado. Eso es lo que eres, lo que siempre has sido, pero no es suficiente para ti. Me voy de regreso con nuestra hija, te espero, aunque no espero que vengas.

Yuri da la espalda a Akron, cuidando que las lágrimas que recorren sus mejillas no lleguen a ojos de su esposo. Akron se queda ahí, parado frente al bote con un nudo en la garganta, observa a su mujer perderse entre la línea de árboles que separa la playa de la aldea. Una vez más sostiene una la flecha en las manos, indeciso sobre sus propios deseos, una vez más abandonado a su suerte por falta de convicción, ¿Habrá algún momento en que la vida se abra ante sus ojos con la claridad suficiente como para saber que está haciendo lo correcto? La noche oscura cae sobre los hombros de Akron, entre las estrellas enmudecidas no encuentra consuelo ni respuestas. A ratos zigzaguea persiguiendo las pisadas dejadas por Yuri en la arena, quizá deba regresar y convencerla de que no irá a ninguna parte, que se ha dado cuenta de su error. Pero el tiempo sigue avanzando y las arenas olvidan rápido a quienes pasan por ellas.

(Continuará)

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