Araña (ESP)

Víctor observa la telaraña que se mece suavemente en el espacio entre el espejo retrovisor y el cuerpo del automóvil.

Es la octava vez en el mes que se ha encontrado con la misma sorpresa, pero es la primera vez que Lucía se da cuenta del asunto.

Un detalle sin importancia para ella, Lucía pasa la mano sin vacilar y quita la telaraña de una vez.

– No me digas, hay una araña viviendo en el auto.

– Si. Eso creo.

– ¿Eso crees?

– Si. Me acuerdo que un día venía de regreso al departamento y ví una araña caminando por el borde de la ventana del auto. Bajé la velocidad para ayudarla, para que no se cayera. Se metió por una ranura en la puerta y no volví a verla, entonces empezaron a aparecer estas telarañas.

– Tienes que llenar de insecticida el interior del automóvil y ya está, asunto acabado.

Víctor sonríe sin decir otra palabra y se sube al automóvil, Lucia hace lo mismo. El automóvil parte.

– ¿A dónde dijiste que íbamos? Lucía pregunta.

– No dije adónde íbamos.

Víctor conduce el automovil hasta que el primer semáforo en rojo lo obliga a detenerse.

Una pareja camina por la vereda izquierda de la calle tomados de la mano.

Víctor los mira y suspira, se pregunta si todas las parejas serán como él y Lucía, en el fondo espera que no sea el caso.

– Bueno, ¿y? ¿me vas a decir o tengo que adivinarlo? Lucía interrumpe.

– Sabes, las arañas no son insectos.

– ¿Ya?

– Lo sabes, ¿cierto?

– Okey, las arañas no son insectos. ¿Adónde vamos?

– Uno pensaría que un insecticida está diseñado para matar insectos, pero no… es solo veneno. Sirve para matar y nada más.

– Víctor, me carga que hagas eso, ¿vas a responder la pregunta?

– No.

La siguiente luz roja del semáforo obliga a Víctor a detenerse en un punto incomodo de la conversación, la experiencia indica que negarse a responder una pregunta puede involucrar más tiempo sumido en conversaciones circulares.

Antes de que Lucía logre decir otra palabra, se apresura en encender la radio.

“Noticias de último minuto; la búsqueda del pequeño Pedro, desaparecido hace casi un mes en las afueras de la ciudad concluirá esta noche, cuando los efectivos policiales den por terminados los esfuerzos por encontrarlo”

“La madre del joven no perdió tiempo en dar declaraciones sobra la decepción que le causa esta decisión.”

– “Es mi hijo, necesito encontrarlo, ¿me entiende? No puedo continuar mi vida si no sé qué fue lo que le pasó”.

– Amigo, ¿le limpio el parabrisas?

Un vagabundo se acerca a la ventana de Víctor, hace señas con las manos indicando el parabrisas marcado por una serie de manchas de polvo y suciedad.

La verdad es que hace días que Víctor no lava el automóvil, no hace la cama y otras miles de tareas que continúan pendientes en su mente.

– Vale amigo, gracias.

– No le digas que sí, Víctor, ¿qué no sabes? Se va a gastar el dinero en alcohol y drogas.

Lucía interviene en la conversación con ese tono clásico de enfado que hace hervir el estómago de Víctor.

El vagabundo también escucha las palabras de Lucía

– Se parece a ti entonces. Víctor responde luego de los segundos iniciales de incomodidad.

– ¿Qué dijiste?

Víctor se echa a reír y el vagabundo le sigue poco después.

Treinta segundos quedan para el cambio de luz en el semáforo, tiempo suficiente para hacer un nuevo amigo.

El brazo del vagabundo pasa veloz a través de la superficie del parabrisas, en poco tiempo el vidrío regresa a la transparencia inmaculada que las manos hábiles del vagabundo imprimen.

– Quedó impecable, toma y gracias por la ayuda.

Víctor entrega las monedas al vagabundo.

– Gracias a usted señor y que Dios lo bendiga.

– “Que Dios me bendiga…”

La frase resuena en la mente de Víctor, la luz verde regresa y el viaje continua.

Los rayos del sol escapan desde el costado de un edificio y van a posarse en las copas de los frondosos árboles que se yerguen sobre las paredes de concreto del parque metropolitano.

Víctor sonríe.

– ¿Te estás riendo todavía? ¿Te parece bien ridiculizarme frente a extraños?

Víctor no contesta, no está seguro de su respuesta, lo primero que se le viene a la cabeza es responder que sí, que está bien ridiculizar a Lucía frente a extraños.

La luz en los cielos se pierde entre dos grandes cuerpos de nubes grises, el día se tiñe de azules y verdes pálidos, de grises escalonados.

Víctor pisa el acelerador, intenta escapar a la creciente melancolía que la visión provoca.

– Lucía escucha, no estoy seguro de esto, pero creo que todas las frases que has dicho desde que salimos del departamento han sido preguntas.

– ¿Y eso que tiene que ver?

– No estoy seguro.

– ¿Puedes bajar la velocidad?

– Si, pero no quiero.

Víctor presiona el acelerador con más fuerza, incluso antes de mirar hacia adelante, hacia el siguiente semáforo que ya está en amarillo.

El espacio que queda no es suficiente para detenerse, Víctor continúa la carrera y pasa el siguiente cruce acompañado de la incipiente luz roja y del trompeteo del claxon de otros vehículos.

– Quiero regresar a la casa Víctor, ya no quiero estar aquí.

– Siempre estás aquí.

– ¿Quieres decirme algo?

El sonido de la baliza policial interrumpe la conversación, el haz centelleante y rojizo atraviesa el interior del vehículo de Víctor, quien prefiere detenerse a un costado de la calle antes de probar con alguna alternativa de escape.

– Lo que realmente quiero es escapar a la conversación.

Víctor mira hacia atrás por el espejo retrovisor, espera ver al policía bajar del automóvil y caminar hacia él, pero en realidad se queda mirando los rastros de la telaraña en el espacio entre el espejo y el cuerpo del automóvil.

Se pregunta sobre la araña, ¿estará triste luego de haber perdido a su preciosa creación? El policía llega igualmente a la ventana de Victor.

– Buenas tardes señor. Su licencia de conducir.

Víctor toma la billetera y revisa el interior en busca de la licencia de conducir. En el proceso intenta no fijar su atención en la cara de burla que Lucía seguramente está haciendo.

No lo consigue.

– Dios me ha bendecido… ¡já!

– ¿Disculpe? El policía replica.

– ¿Sí? Ah, no nada. Estaba hablando conmigo mismo. Aquí está la licencia.

– ¿Sabe a qué velocidad iba?

– ¿Para qué me pregunta? Usted sabe supongo. Mejor dígame usted a qué velocidad iba.

– Pero yo quiero saber si usted sabe a qué velocidad iba.

– Entiendo, no está seguro. Pues mire, yo creo que iba justo a 60 km/hr. Ahora, hace poco vi un cartel que decía que la velocidad máxima era de 60 km/hr. Así que estamos bien, ¿cierto?

El policía da un paso hacia atrás y se rasca la cabeza, le toma un tiempo procesar la información, al terminar regresa junto a la ventana.

– Supongo que sí, todo okey con la licencia. Que tenga un buen día señor.

El policía regresa la licencia a Víctor y camina de regreso a la patrulla policial, se retira del lugar poco después.

Víctor respira aliviado, gira la llave para encender el motor y se prepara para resumir la marcha.

– No entiendo, ¿qué fue lo que pasó? – Lucía pregunta con un aire de molestia.

– Nada, no pasó nada.

– Pero pasaste el cruce con luz roja, cometiste una infracción.

– Extraño, ¿cierto?

La siguiente canción en la radio termina y regresa el anuncio urgente de las noticias.

Noticias de último minuto, un vuelco impresionante ha dado el caso del pequeño Pedro, como habíamos comentado anteriormente, la policía estaba a punto de dar por finalizada la búsqueda del niño, pero ahora se ha confirmado que el pequeño Pedro ha sido encontrado por cazadores de talento en Hollywood, ha firmado un contrato millonario para actuar en una nueva franquicia cinematográfica. Tenemos sus impactantes declaraciones”.

– “Hola a todos, estoy bien. Vine a cumplir mi sueño. A todos los que me están buscando les digo, olvídenme”.

– Que antipático el niño. Y tanta gente que se había preocupado por él.

Lucía refunfuña frente a la radio y luego cambia el dial, se detiene en otra estación.

“Y Dios le dijo a Moisés; Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los profetas” …

– ¿Qué es eso? Pregunta Víctor.

– Eso, qué es eso, es la biblia tonto. ¿Que nunca la habías escuchado?

– No, no es eso, es otra cosa.

– ¿Qué cosa?

– Esto.

– ¿Qué es lo que está pasando? Ya córtala Víctor, me tienes harta. No quisiste decirme para donde vamos, te ríes de mí y ahora estás hablando de forma extraña. ¿Qué cresta te pasa?

Víctor se ha quedado paralizado, mantiene la vista sobre la calle pero prefiere no hacer ningún movimiento en falso, supone que su vida depende de ello.

– ¿Me vas a responder?

– La araña… Víctor responde casi sin mover los labios.

– ¿Qué araña?

– La araña está en mi cabeza…

La araña camina nerviosa sobre la cabeza de Víctor, se mueve de un lado para otro indecisa sobre el camino a tomar, plantada en el centro infinito de una circunferencia.

La araña toma el camino inferior y ahora avanza por el cuello de Víctor, hacia el interior de la camisa.

Victor entra en pánico y se mueve instintivamente para proteger su vida, soltando el volante y perdiendo el control del automóvil.

Un nuevo cruce se avecina y esta vez Víctor no logra siquiera verlo, tampoco alcanza a presionar el pedal del freno antes de recibir el impacto en el costado derecho.

El automóvil gira tres o cuatro veces en el aire antes de detenerse en medio de la calle.

Silencio.

Víctor abre los ojos lentamente, aún mareado luego del movimiento centrífugo y aún sujetando con fuerza el volante con ambas manos.

Remueve los pedacitos de vidrio que han caído sobre su ropa, cuidando no golpear el asfalto con el codo, el vehículo está recostado sobre el costado izquierdo.

– Lucía… ¿estás bien? Lo siento no vi…

Lucía no se encuentra en el interior del automóvil.

La luz del sol se cola por entre medio de las aberturas de las nubes espesas e ilumina parcialmente la larga y poco transitada calle, algunas personas se acercan desde la distancia y murmuran palabras que Víctor no logra entender.

En el marco de la ventana del parabrisas, la araña camina por el borde y vuelve a meterse por la ranura hacia el interior.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s