8 pm

Fundido desde negro:

El atardecer inicial.

La puerta de vidrio de corte moderno se cierra inesperadamente, con las bisagras empujando por siempre hacia adelante, hacia la calle claroscuro y la humedad de los riegos sobre los pastos verde claro, sobre el asfalto ennegrecido, sobre los charcos incólumes. Y los espacios apenas ocupados de las veredas ocultan risas, ocultan planes indescifrables para Tomás, hombre de facciones finas y cuerpo esbelto, quizás demasiado esbelto y quizás demasiado relajado dada la situación. Lo cierto es que desde hace algún tiempo, Tomás ha sentido que su vida se detiene cada vez que ocupa un lugar durante mucho tiempo, como si sus pies se enterraran en la tierra y raíces profundas lo tomaran desde abajo. Esta sensación provoca en él un leve impulso hacia adelante, hacia lo nuevo, lo diferente, hacia la pizzería, donde le esperan las pizzas que espera disfrutar en la cita de esta noche, la cita… con su ex pareja.

Corte a negro:

Voz en off:

– Espera espera… dijiste que estaba escapando hacia lo nuevo, lo diferente, pero resulta que se va a juntar con su ex pareja.

– Pasos amigo, son pasos que tiene que dar, aunque su vida se está moviendo hacia el futuro, paradójicamente ese futuro tiene la forma de su pasado. Quizás porque es la barrera que tiene que cruzar antes de llegar a lo que es realmente otra cosa.

– No me obnubiles con tu lógica metafísica. Ya bueno, te seguiré el juego, pero voy a estar vigilando.

Fundido a:

El escape en el pasillo.

Tomás despierta junto al amanecer en el ventanal, por tercer día consecutivo se ha quedado dormido en el sofá de la sala.  Se levanta tan rápido como puede para dejar el sueño atrás. Se mete al baño y se lava los dientes, sus ojos se cierran pero se cachetea algunas veces para despertar completamente. Sale veloz por la puerta del departamento y hacia el pasillo, donde un grupo de personas esperan la llegada del ascensor. Entre estas personas se encuentra Gloria, Tomás se detiene en seco sobre la cerámica del pasillo, gracias a la goma especialmente diseñada por la empresa de zapatillas deportivas para producir frenados controlados en cualquier superficie (marca patentada). Las opciones de escape son limitadas, la posibilidad más certera de pasar desapercibido es avanzar fugaz hacia la puerta de emergencia y bajar hasta el primer piso utilizando las escaleras de incendio. Pero la ventana de oportunidad se reduce a cada segundo que pasa, una decisión ha de tomarse.

– ¡A la escalera!

Tomás grita sin haberse pensado sobre la posibilidad, muy cercana además, de que Gloria pudiese escuchar. De suerte logra atravesar el umbral de la puerta de emergencia antes de que alguien pueda verlo. Diez u once saltos más tarde, llega hasta el primer piso del edificio de departamentos, resulta que vive en el tercer piso.

– No creo que lo que haga sea algo heroico.

– Lo que usted diga señor, que tenga un buen día.

El conserje saluda a Tomás y lo despide junto a la puerta de salida, no sin antes recordar algo importante.

– Señor, los gastos comunes.

– Si verdad, los gastos. Muy importante.

– Señor… ¿señor?

– Muy importante gracias por decirme.

Tomás se despide con un ademán de manos, sale por la puerta de vidrio hacia la calle y se encuentra de frente a las veredas y a las paredes todavía teñidas de celeste, todavía los colores dormidos y esperando la llegada del sol. Momento perfecto para iniciar el trote hacia el final de la calle y de regreso a la entrada del departamento. Tomás ha estado corriendo todas las mañanas desde hace un año y cuatro meses, cada paso que da es un mantra que lo impulsa hacia adelante, hacia el futuro que ambiciona.

Insert: la foto de una familia feliz abrazados junto al árbol de navidad.

Esta imagen es la principal causa por la que Tomás siente que su vida es un fracaso, no tiene una familia, desea una familia, lo quiere más que nada en el mundo. Entonces… ¿Por qué evadió a Gloria en el pasillo?

Corte a:

La desnudez de los cuerpos en la habitación de Tomás.

Tomás encima de Gloria, al costado de Gloria, debajo de Gloria, ambos desnudos y chupándose los cuerpos en busca de placer. Luego descansan recostados en la cama. A Gloria le dan ganas de hablar.

– Podríamos vivir juntos.

Corte a:

La calle claroscuro.

Tomás corriendo solo por la calle teñida de celeste tras haber escapado de Gloria en el pasillo del departamento, recibe una llamada telefónica pero no contesta, incluso se molesta porque la llamada entrante en el teléfono interrumpe la música que ha venido escuchando desde que empezó a correr y que es pieza fundamental de toda esta narrativa de “quiero y actúo para conseguirlo”. Al llegar al final de la calle, Tomás gira sobre su rodilla derecha, la que todavía reciente, luego de caer con todo el cuerpo sobre una gran piedra redonda en la playa.

Insert: Tomás cayendo sobre la piedra redonda en la playa.

Tomás se quita la imagen devastadora de la caída y continúa el avance hacia adelante, esta vez la calle va hacia arriba. El teléfono repica nuevamente, Tomás contesta la llamada.

– Aló

– ¿Tomás? Hola, ¿cómo estás?

– Disculpa, ¿quién habla?

– Paula, ya no te acuerdas de mi voz.

– Paula… ¡Paula! Hola como estás, tanto tiempo sin escucharte.

(Tomás se había estado preparando para esta ocasión).

– Yo bien, tú parece que estás bien también.

– Siiii, super bien, me encanta vivir, tú sabes.

(No le gusta tanto vivir).

– Que rico escucharte tan contento.

– Siiii, contento, feliz.

– Oye, te llamo porque estoy en la ciudad por algunos días.

– ¿Estás acá? Super, super… si quieres podemos juntarnos, hacer algo.

– Que buena idea, juntémonos, tenemos mucho de qué hablar.

– ¡Perfecto! Yo estoy libre en la tarde noche, 8… 8:30 buenos horarios.

– Juntémonos a las 8. ¿Me mandas tu dirección?

– Sí, no te preocupes. Te la mando ahora.

– Buenísimo, nos vemos más tarde.

– Nos vemos pronto, chao.

Tomás corta el teléfono y resume el trote con una marcada sonrisa en el rostro. Avanza veloz, olvidando en los primeros pasos el camino empinado, recordándolo cerca de la entrada del departamento, donde se encuentra de frente con Gloria, quien apenas ha llegado hasta el primer piso luego de esperar durante varios minutos su turno para ingresar al ascensor.

Corte a:

El pasillo y la larga espera.

Gloria espera parada frente al ascensor, junto a un grupo de personas. La luz en el techo parpadea constantemente, generando casi imperceptibles espacios de oscuridad y un zumbido exasperante que hace la espera cada vez más desagradable. El ascensor se abre y ya está prácticamente lleno, las personas en el interior hacen el esfuerzo supremo de contraerse en el limitado espacio para permitir el acceso al ascensor a la señora Nicole y sus dos hijos.

– Es que van muy atrasados al colegio. Gracias, muchas gracias.

La señora Nicole suelta un par de incoherencias antes del cierre de la puerta, Gloria se pregunta si la señora estaba hablando consigo misma o con el resto. También se pregunta sobre las ventajas competitivas de tener hijos, la operación reporta resultados positivos en favor de la soltería. Una mirada rápida al resto de las personas y la epifanía no tarda en llegar… ella será la última en ingresar al ascensor.

Lista de las otras personas por orden de ingreso al ascensor:

– Una anciana sin rumbo aparente.

– Una mujer rival de apariencia muy similar a Gloria, pero con una convicción superior.

– Un tipo de terno con cara de violador.

Un joven universitario con ganas de aprender y ver.

Corte a:

Afuera del departamento y el encuentro inesperado.

La pesadumbre en la mente de Gloria no se ha apaciguado luego de la dilatada espera frente a la puerta del ascensor. El encuentro accidental, aunque completamente evitable, con Tomás la lleva a experimentar emociones contradictorias. Por un lado reconoce un vínculo con el individuo, un afecto especial que quisiera proteger. Por otro lado, la razón por la que Gloria prefirió esperar en el ascensor y no bajar por las escaleras es porque vio a Tomás evitándola en el pasillo.

– Hola Tomás.

– Gloria, buenos días. ¿Como mamaneciste? ¿Todo bien?

– ¿Mamaneciste?

– Es un error, solo un error.

– Bueno, voy un poco atrasada, ¿hablamos más tarde?

– Si, más tarde.

– Creo que regreso a las 8 pm.

– Ah, te refieres a más tarde hoy. Hoy más tarde.

– Claro… Hoy más tarde, ¿puedes?

– Si obvio… digo no, no puedo hoy. No, hoy no puedo.

– Oh, ¿vas a estar ocupado?

– Si, ocupado. Tengo que salir… y volver. Salir y volver.

– Ah, pero es algo corto.

– No tan corto, creo. No estoy seguro de cuánto tiempo me vaya a tomar, pero voy a regresar, no te preocupes.

– ¿Okey? Entonces hablamos mañana u otro día.

– Si, por supuesto.

– Bueno, nos vemos entonces.

Gloria se despide de Tomás sin besarlo y se dirige al borde de la vereda, donde estaciona el Uber que la llevará hasta el trabajo. Antes de ingresar al vehículo, Gloria se pregunta si Tomás habrá advertido eso de despedirse sin besarlo.

(No lo advirtió).

Corte a:

El atardecer inicial parte II.

Tomás llega hasta la pizzería en busca de las pizzas que ha ordenado para festejar junto a Paula, la mujer que abandonó su vida hace un año y cuatro meses, la mujer que dejó un agujero de desesperanza en el centro del corazón del sueño compulsivo de Tomás, formar una familia. Los ingredientes en ambas pizzas son los favoritos de Paula, Tomás los recuerda completamente, como aún recuerda un sinfín de detalles sobre ella.

– Vengo a retirar unas pizzas.

– A nombre de quien.

– A nombre del amor amigo.

El cajero se queda mirando fijamente a Tomás, su mirada inexpresiva.

– Tú… tú eres un romántico.

– Eso creo amigo.

– Son 13,95.

– ¿Cómo sabes que pedido vengo a buscar?

– ¿Pizza con jamón, extra queso y piña? Solo una persona buscando impresionar a alguien elije piña amigo.

– Solo un retórico extremo elije argumentos dualistas. Amigo.

– Touché. Aquí están sus pizzas señor, que disfrute de la velada.

– Muchas gracias.

Tomás recibe las pizzas con gran amabilidad y camina hacia la salida de la pizzería, el trayecto es interrumpido por una llamada telefónica, se trata de Paula. Tomás deja las cajas de pizza en una de las mesas y contesta.

– Paula, hola.

– Hola Tomás, oye, estoy afuera de tu departamento, acabo de llegar.

La mirada de Tomás cruza fulminante a través del espacio interior de la pizzería y se detiene ágil en el reloj sobre el mostrador, son las 7: 50 pm.

– Llegaste temprano.

– Si, ¿es un problema?

Pausa mental.

– “Ella llegó temprano, ella quiere verme, me extraña, ¡me necesita! ¿Tengo condones? Creo que me quedan algunos en la caja de los remedios, por lo menos una tira”.

Resumen.

– No, no. No hay problema. Espérame ahí, yo estoy al frente, en la pizzería.

– Ya, te espero entonces.

Tomás corta la llamada, toma las pizzas y camina nuevamente hacia la salida, pero se detiene (otra vez) al ver a Gloria llegar a la entrada del departamento junto a otra persona, un hombre. Por el tipo de ropa que este hombre lleva, chaqueta plomiza con una típica camisa blanca y esos zapatos lustrados al punto de ebullición, Tomás deduce que se trata de un maldito bastardo.

– ¿Qué son acaso paneles solares?

– ¿Disculpe señor?

El cajero ingresa en la conversación.

– Nada, estaba hablando solo.

– Por supuesto señor, por qué me iba a estar hablando a mí.

El cajero sale de la conversación.

Tomás observa a través de las pequeñas ventanitas en la parte alta de puerta, esas ventanitas que permiten ver hacia la calle. Se queda mirando hacia la entrada de los departamentos, primero ve a Paula parada cerca del borde de la vereda. Luego ve a Gloria junto al tipo desconocido, despidiéndose del conductor de Uber que los ha traído de regreso al nido de amor que Tomás pensó que era el único invitado y que ahora parece que tiene que compartir con otra persona. Gloria y el desconocido ingresan al edificio, despejando el camino para que Tomás se decida a salir de su escondite, pero sin poder evitar que las cajas de pizzas choquen contra la puerta con las ventanitas que se cierra gracias a esas bisagras que acostumbran a cerrarse para empujar a las personas hacia adelante.

Corte a:

El reencuentro afuera del edificio.

Un decidido movimiento con el brazo y Tomás logra controlar las cajas sin perder el impulso que lo lleva a cruzar la calle junto al paso de uno de esos automóviles que siempre pasan de improvisto y cuyo movimiento produce una ligera ventisca que mueve los cabellos de ambos, de Tomás y de Paula. Un flash parpadeante desata emociones olvidadas cuando los ojos de ambos se juntan, como un eclipse que desata universos paralelos, universos místicos de naturalezas irreales donde el afecto es ley y donde lo concreto se desarma por completo.

– ¡Paula!

– ¡Tomás!

– Hola, guau, te ves bien. Paula no duda en flirtear con Tomás.

– Tú también, oye, ¿has estado haciendo ejercicios? Tomás responde con la mayor soltura que le permite la situación.

– Lo notaste, sí, tengo una rutina que me ha servido de maravillas.

– No voy a negar los resultados. Sonrisa pícara de Tomás, cada vez más resuelto.

– Oye pero tú también estás más tonificado creo. ¿Haces pesas? Paula acaricia suavemente el costado superior del brazo izquierdo de Tomás.

– No, no. No ese tipo de ejercicios.

– Que haces, ¿basquetbol? ¿Tenis?

– No, no. Yo hago… Oye que bueno que viniste.

– Siiii, estaba en una reunión con algunos clientes pero terminé más temprano de lo que pensé, así que me vine, supuse que ya estarías aquí.

– Supones bien. Pero vamos, pasa, adelante.

Tomás invita a Paula a pasar al interior del departamento, de pasada utiliza su mirada super rápida para tomar una foto mental del cuerpo de Paula, realmente esos ejercicios han hecho maravillas con su figura. La belleza frente a sus ojos lo lleva a mirar hacia el cielo en un movimiento inconsciente, hacia la fila de balcones que se extiende hasta el techo del edificio, se detiene junto al balcón del tercer piso y encuentra a Gloria mirándolo desde las alturas con una expresión de incredulidad. Otra vez se activa ese flashazo que invoca esos mundos emocionales que se toman los espacios de todas las cosas y las tiñen de colores y formas que hacen sentido únicamente cuando entiendes que Gloria y Tomás se han visto realmente desnudos por primera vez desde que se conocieron. Una respuesta tímida, un saludo moviendo los dedos de la mano derecha es todo lo que Tomás alcanza a conjurar en un intento supremo por escapar al golpe del mazo del juez. Gloria se encuentra en situación similar, ella prefiere soltar una sonrisa nerviosa y retirarse hacia el interior de su departamento.

Corte a:

La tensión aumenta en el pasillo del tercer piso.

Las puertas del ascensor se abren, Tomás se asoma antes de salir al pasillo con esa luz parpadeante y ese zumbido casi imperceptible para foráneos, pero absolutamente presente y devastador para los lugareños. Lo hace para cerciorarse de que el lugar esté despejado. Paula se extraña por el comportamiento “diferente” de su acompañante, pero desestima el asunto. Ambos caminan por el pasillo y cada paso que dan resuena en el piso de cerámica. Tomás recuerda las propiedades de la goma de sus zapatillas una vez más y Gloria se larga reír justo cuando Paula atraviesa el umbral de la puerta de su departamento, que queda en el camino al departamento de Tomás. Tomás siente punzante la presencia de Gloria en el pasillo y le urge avanzar más rápido hacia adelante, esta vez sin bisagras para empujarlo. Segundos más tarde, Paula y Tomás se detienen junto a la última puerta del pasillo, adentro, la guarida del hombre que lucha por mantener la calma ante el desarrollo de los acontecimientos.

– Llegamos.

Tomás abre la puerta, Paula ingresa, un suspiro resuena pálido entre la paredes del pasillo. Tomás ingresa y cierra la puerta despacio. El pasillo en silencio.

Corte a:

La hora de la verdad en el departamento de Tomás.

Tomás ingresa al departamento y deja las llaves en la mesa, encima de las cajas de pizza. Paula se sienta en el sillón frente a la pantalla de la televisión, donde encuentra un macetero nuevo en el borde de la mesa, coronado con un bello racimo de flores de lavanda.

– Que rico, me encantan las lavandas.

– Si, tienen buen olor.

– Extraño.

– ¿Qué cosa?

– No me imaginaba que fueras un hombre de flores.

– Oh, creo que hay mucho que aún no sabes de mí.

(Lo que ella realmente no sabe es que ha sido Gloria quien ha colocado el macetero coronado con lavandas en el borde de la mesa, luego de diagnosticar el departamento de Tomás como la guarida de una persona profundamente deprimida).

Tomás saca una par de cervezas del refrigerador, entrega una a Paula y se sienta frente a ella.

– Así que Paula, cuéntame, ¿cómo has estado? ¿Qué has hecho?

Tomás traga un largo sorbo de cerveza antes de recibir la respuesta, acaso haya sido arquitectura de su silueta, los aros dorados, los risos dorados, la ropa de temporada o el conjunto de todas ellas lo que ha llevado a la conclusión premonitoria.

– Pues que he hecho, tantas cosas. Como sabes, tomé esa beca el año pasado y estuve estudiando afuera.

– Creo que recuerdo eso.

Tomás bebe otro largo sorbo de cerveza.

– Me fue bien, terminé encontrando trabajo en una firma internacional. Oh, no te imaginas la cantidad de lugares que he conocido. Y la gente, la mejor experiencia.

La primera cerveza de Tomás se acaba casi instantáneamente.

– No me digas, que bueno, que buenas noticias. Todo un éxito.

– Siii, haber tomado esa beca fue lo mejor que pude haber hecho en mi vida.

– Guau… eso no duele en lo absoluto.

– ¿Cierto?

– Cierto, ¿tienes hambre?

Tomás abre la primera caja de pizza, el aroma irresistible del queso derretido sobre la salsa de tomates se apodera del departamento…

– No gracias. No como productos lácteos.

… Y son exorcizados fuera del lugar en forma casi instantánea.

– Pero come, tranquilo.

Tomás no prueba bocado alguno de la pizza, prefiere cerrar la caja de forma disimulada, Paula nota el movimiento, pero prefiere continuar la conversación.

– Y ¿tú? ¿Como has estado? Cuéntame, que ha sido de tu vida durante este tiempo.

– Bien, yo… estoy en mis proyectos, tú sabes, haciendo mis cosas, avanzando.

– Oh, ¿qué estás haciendo?

– Son cosas complicadas, cosas de trabajo. No quiero aburrirte con los detalles.

– No, no te preocupes.

– Pero dime, Paula. ¿Por qué me llamaste?

Paula sonríe al escuchar la pregunta de Tomás, toma un sorbo de la cerveza antes de continuar.

– No sé, quería verte, saber cómo estabas. Estuve con mis padres, amigos y conocidos, pero pensé, ¿qué estará haciendo el Tomás? Así que vine.

– Vaya, pues qué bueno que pensaste eso.

– Si, no te imaginas los problemas que me puso mi novio, se puso celoso, ¿puedes creerlo?

– ¿Tu novio?

– Si, te va a encantar. Le hable maravillas de ti obviamente.

– Que bueno. Me alegro tanto.

Tomás hace lo posible por aguantar el dolor, la puñalada en el centro del corazón le provoca dificultades para respirar, la sangre imaginaria se le desparrama por todas las paredes del departamento. Una mirada acuciosa rastrea la posición del teléfono junto a las cajas de pizzas, quizás aún haya tiempo para llamar a una ambulancia.

– Voy y vuelvo.

Tomás desestima el pánico inicial y se mueve veloz hacia el pasillo y hacia la cocina sin perder tiempo en encender la luz, directamente hacia el refrigerador, donde toma otra cerveza para beber casi la mitad de un sorbo. Detenido en medio de la oscuridad, alumbrado parcialmente por la línea de luz que escapa desde el interior del frigorífico, Tomás hace un gran esfuerzo por mantener las apariencias. Un agujero negro hipermasivo se activa en el centro de su pensamiento, amenazando con absorber toda la luz en el universo. El conjuro se desvanece cuando Paula recibe una llamada telefónica.

Paula

Hola mi amor, si estoy acá. Todo bien.

Con Paula fuera de la “conciencia del entorno”, Tomás ocupa la ocasión para atravesar la sala, se dirige al balcón e indica a Paula que “estará afuera” con un gesto de las manos, ella levanta el dedo pulgar, aceptando la proposición, y continúa la conversación telefónica.

Corte a:

La revelación a la luz de las estrellas.

El aire helado y los ecos de las calles en la incipiente noche reciben a Tomás en el balcón, un nuevo sorbo a la cerveza y un suspiro controlado no entregan la calma que el movimiento buscaba. Tampoco parece la noche haber dotado a las estrellas con la cariñosa luz de la esperanza que guio a tantos elegidos y profetas en otras épocas. El chasquido del encendedor en la mano de Gloria lleva a Tomás a girar hacia el balcón de su vecina, ahí está ella, disfrutando una bocanada de cigarrillo.

– Tomás – Dice ella.

– Gloria, no sabía que estabas…

– Yo tampoco, pensé que ibas a salir?

– Si, verdad, pues verdad que no realmente.

– Es linda, ¿es tu ex?

– Si, como lo supiste.

– No lo sabía.

El claxon de un automóvil atraviesa el horizonte cercano, uno más corto le sigue el juego. Gloria toma otro bocado del cigarrillo.

– Es solo sexo, él no me gusta ni nada por el estilo.

– Se ve simpático, ¿compañero de trabajo?

Gloria asiente con la cabeza y apaga el cigarrillo en el cenicero, lo deja en el borde del balcón junto al encendedor y se levanta de la silla, se prepara para ingresar al departamento.

– ¿Quieres ver una película más tarde?

– Si, suena bien. Tengo pizza, ¿quieres?

– Bueno, te espero.

El ventanal se abre y Gloria se pierde entre las cortinas largas y blancas. Tomás se queda un rato más en el balcón, todavía un rato después de que Paula termina de hablar por teléfono.

Fin.

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