Carta de despedida

Me atrasé, pero bueno tú no sabías que venía a verte así que no creo que te importe. Esa cara que pones, supongo que no esperabas visitas hoy. Pensé en comprarte unas flores afuera, pero las viejas que venden no estaban, ni viejas ni flores. ¿Que por qué te escribí una carta de despedida? es buena pregunta sabes, apuesto a que si lo conversamos durante un rato puedo explicarte más o menos porque es mejor comenzar despidiéndose que empezar saludando o terminar despidiéndose.

Supongo que la vida no cambia mucho hasta que cambia radicalmente, o tal vez los cambios sutiles de la cotidianidad pasan desapercibidos hasta que se vuelven parte de la estructura de la vida, en cuyo momento lo cambiado aparece como lo cotidiano y ya se tiene de impresión que nada ha cambiado realmente. Pero en otras ocasiones la vida realmente cambia y no podemos hacer nada por evitarlo. Bueno si, a veces es bueno que la vida cambie, pero voy a referirme a esos momentos que pudimos haber evitado, momentos que forman malos recuerdos, material de pesadillas auto flagelantes y seres antropomórficos atravesando la penumbra. Si bueno es que anoche desperté de súbito y la puerta estaba abierta, me quedé un rato esperando que el monstruo de mis sueños viniera a saludarme. Creo que me estoy desviando del punto, bueno me avisas si vuelve a pasar. La cosa es que cuando salí hoy en la mañana iba pensando que me había tocado difícil hasta ahora y luego me di cuenta que estaba recién en el tutorial de la vida, ni siquiera había pasado la primera etapa y ya estaba perdiendo. Al final había que saltar el agujero, no tratar de entenderlo, pero bueno se me fueron como tres vidas en eso. Creo que debí prestar más atención cuando me decían “tómate la leche” o “si te subes ahí te puedes caer”, ya sabes, esas frases que te revientan por dentro cuando las escuchas pero que recuerdas con un eco de sarcasmo cuando entierras las patas en el barro.

La cosa es que estábamos hablando de partir despidiéndose, como cuando conoces al amor de tu vida y te acurrucas en sus labios, ya sabes, cuando andas emborrachado con su olor a dulces y esas estelas de luz te siguen para todos lados.  Luego tienes que refregarte hartas veces los ojos para hacerte a la idea que realmente estás viviendo en un sueño. Cuando te pasa eso te despides primero, creo que es la única posibilidad de vivir en un cuento de hadas, onda “juntos para siempre”, así lo último que hagan sea saludarse, tomados de la mano y mirando el sol perdido en el horizonte del ultimo día.

Toma como ejemplo a un músico callejero que vi un par de veces tocar en las micros, tenía poderes especiales, no te miento. Podía tocar la guitarra con las patas, en parte era porque tenía brazos en las piernas y viceversa, tocaba mejor que Van Halen. Pero de lejos porque el olor a pata se hace difícil de soportar. Igual me gustó su repertorio, lo que más me llamó la atención fue que partió el show pidiendo monedas a los espectadores, al contrario de la mayoría de los artistas callejeros que guardan este rito para el final de la presentación. Y bueno las botillerías aledañas también agradecen este círculo virtuoso de la música, ya ok, pero déjame decir algo sobre los prejuicios, funcionan ¿ok? así es como funcionan, los usas para todo, todo es un prejuicio. Simple, ya no tienes que pasar horas, días, semanas, meses y años mirando las estrellas en busca de respuestas, recuerda, todo es un prejuicio. Supongo que esa es otra razón para comenzar despidiéndose, puedes partir cagándola.

Te aseguro que todo es cuesta abajo después de esta parte mala en que tengo que recordarte que soy un ser humano y la parte humana del ser me vuelve loco de repente, no puedo seguir hablando… me está escuchando. Como sea, ese humano me está gritando en el oído todo el día, parlotea todo el rato sobre cómo voy a perder todo y a todos y me voy a quedar solo. Con suerte puedo escuchar a otra persona cuando me habla, de él sí que me gustaría terminar despidiéndome, con una carta de recomendación para que encuentre trabajo en el séptimo círculo del infierno. A veces se cansa o se queda dormido, entonces puedo descansar. Y ahí cuando estaba descanzando pude escuchar tu voz, como un pequeño brillo en el vacío, al acercarme pude ver que en realidad se trataba de la luz del sol entrando por una abertura entre las cortinas. Esa cálida suavidad de cenizas rojizas que se levantan junto al viento otoñal, ese que gusta de bailar con las hojas secas en el suelo. Parecías un ángel cuando entraste a la habitación, con ese halo difuso a tu alrededor, aunque me costó un rato entender las cosas que me decías. Para ser honesto cuando te vi me cagué de miedo, cosas como esas no se ven todos los días. Entiendo, lo que querías era que siguiera hablando sobre las cenizas en el viento y todo eso, eres romántica ¿eh? pero espera que el otoño se acaba y el invierno le sigue. Viste, eso es empezar despidiéndose, arruinar todo al principio, o sea lo primero que se me vino a la cabeza fue tu cuerpo desmembrado a un lado de la calle, con esa mancha carmesí y los tintes rosados en los bordes. Toda la cosa toma un color azulado cuando el cielo se nubla y a mí me dan ganas de vomitar, pero me aguanto. ¿Que como llegué tan rápido? bueno no estaba lejos, me estacioné al frente y me bajé a mirar cuando noté el grupo de palomas que bajaron de las cornisas de los edificios para revolotear a tu alrededor. Espera, no vayas a asumir que era yo quien conducía el automóvil que te atropelló, te digo que llegué a la escena del crimen pasado las once de la mañana. Hace calor aquí, voy a abrir una ventana ¿quieres tomar algo? la cosa es que ya te habías muerto y sufrí mucho antes de poder aceptarlo. Al comienzo te sentía como una mancha negra, como la marca que el fuego deja en las paredes. Me parecía que inundabas las sombras difusas de la tarde con un frio mudo y espectral, con el paso del tiempo terminé haciéndome amigo de los fantasmas.

Pero bueno, creo que eso es todo lo que quería decir, tal vez si fue mejor empezar despidiéndose, porque me gustas mucho y no quiero pasarme la vida sufriendo tu perdida. Entiendo que no importa lo que piense o diga, no hay forma de que esto funcione. Así que olvida todo eso de empezar despidiéndose, simplemente nos estamos despidiendo. Que dices ¿que no hay que tener miedo a la muerte? ¿que no es el final? ¿que no suelte tu mano? pero que dices, yo no creo en esas mierdas espirituales, el universo está vacío y ya. ¿Ah? Bueno… chao.

– She ascends to Heaven –

 

 

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